sábado, 30 de octubre de 2010

Puertos de Agüeria. Rodeando Peña Rueda

23/10/2010
Macizo de Las Ubiñas
Concejo de Quirós (Asturias)

El sábado pasado había que arrimar a disfrutar de los hayedos en pleno otoño, así que Bedia y yo preparamos una visita a los Puertos de Agüeria, no por conocidos menos guapos. Aunque yo ya había subido varias veces, en travesía de Lindes a Bucida, para adentrarme en los Joyos de Cueva Palacios o llegando desde Tuiza, nunca le había dado la vuelta entera a Peña Rueda y eso fue precisamente lo que hicimos, subir por Lindes y bajar por Cortes, cerrando una preciosa circular a Peña Rueda.

Inicio/Fin: Lindes
Distancia: 16,5 Km
Desnivel máximo: 840 m
Desnivel acumulado: 1.000 m
Tiempos: 7 y 1/2 horas


Salimos de Lindes (930 m) y fuimos subiendo tranquilamente por el conocido y bien balizado camino de los Puertos de Agüeria. Aunque en la zona baja los bosques aún se mantenían bastante verdes, ya se veía lo que nos esperaba por arriba.




Al poco ya nos metimos de lleno en los siempre preciosos hayedos que rodean Lindes. Que empiece el espectáculo.








Así fuimos subiendo poco a poco por el siempre embarrado camino que cruza el precios hayedo de Lindes, camino de la collada (1.266 m) que da paso a la Foz Grande, desde la que iniciamos el descenso hacia el río de la Foz Grande, que hoy pudimos vadear sin problemas. No sería la primera ni la segunda vez que el amigo Bedia y yo nos tuvimos que dar la vuelta aqui, una vez por la cantidad de agua y otra por la cantidad de nieve.




Cruzamos el río (1.160 m) y continuamos subiendo por la margen derecha y entre el precioso bosque en dirección a los puertos.



Poco a poco vamos saliendo del bosque y atravesando las últimas estribaciones de la foz salimos por fin a los amplios puertos de Agüeria.





Allí fuimos subiendo con tendencia a la derecha a ganar las cabañas de Los Cuadros, ya con buenas vistas sobre la entrada de la foz. Hace años el Ministerio de Medio Ambiente eligió, entre otras, un par de fotografías mías para una publicación divulgativa. Una de ellas era un primer plano de un haya en el bosque de Lindes. La otra una panorámica de los puertos de Agüeria, muy parecida a esta.



Desde allí, por medio de un espeso bosque de acebos en el que es muy fácil perder la senda buena, acabamos ganando el collado Fontes (1.669 m) el punto más alto de la amplia collada Lingleo, divisoria de los puertos de Agüeria en los valles que caen hacia Lindes, por la Foz Grande, o hacia Bucida y Ricabo.





El día estaba perfecto, así que allí nos quedamos a comer, sentados justo sobre las cabañas de la majada La Cardosina y disfrutando de las vistas sobre los puertos.


Buen lugar para una panorámica de 270º de todo lo que se abarca desde los Puertos de Agüeria, desde la Foz Grande en el extremo izquierdo a las últimas estribaciones del Campu Faya a la derecha.



Después de comer tranquilamente retomamos camino perdiendo unos metros en dirección Ricabo para tomar un sendero que en llano va bordeando poco a poco Peña Rueda y que pasando sobre la majada de Buxalve va buscando la pista que se aprecia hacia la derecha.



Una vez en la pista (1.530 m) la seguimos durante unos cientos de metros para tomar al poco, a la derecha, un marcado sendero que sube a la collada de Las Colladiellas (1.561 m) y que nos da vista ya al valle de Cortes, el del valle del río Buseca, con vistas ya sobre la cara norte de Peña Rueda.




El sendero sale por la izquierda y casi en llano va recorriendo la zona alta del valle con los bosques ofreciendo mil tonalidades, hasta salir a la preciosa vega de Cabón, colgada en una amplia collada de vistas increibles y con restos de numerosas cabañas, todas ellas redondas y sin restos de cubierta de pizarra o teja, lo que me hace pensar que en su día tuvieran cubierta vegetal. Pequeños teitos.






Por la derecha de la majada, entre acebos, sale un sendero que pierde altura rápidamente y que tras pasar bajo nuevas cabañas de la misma majada, retoma dirección valle abajo, con poca pendiente en busca de una nueva collada, el Collau Cimeru, con una buena cabaña.




Por estos lares no deben gustar los raposos (zorros) ya que a falta de uno, encontramos dos pellejos colgados, como en señal de escarmiento. Lo que no se es que tal resultado dará.


Desde este punto el sendero retrocede valle arriba y pierde altura con mucha rapidez, bordeando varias fincas hasta, ya cerca del río, salir a otro sendero que por el fondo del valle, desciende cerca del río. Se alcanzan así las cabañas del El Bauchal, de nuevo a bastante altura sobre el río.

Allí el sendero cruza un espolón de la foz que empieza a cerrar el fondo del valle, por medio de buenas armaduras y bordeando el Picón, a la izquierda, emprende un fuerte descenso en zigzags hacia el fondo del valle.



Al poco damos vista ya a Cortes, aunque aún queda bastante por descender, sobre las estrechuras del valle por el que se descuelga el río de Buseca.


Ya bastante abajo llegamos al Pozo del Oro, antigua mina de tan preciado metal, con ruta perfectamente desde Cortes.


Por fin alcanzamos la entrada de Cortes. Allí, poco después del cementerio, cortamos por medio de unos prados para salir a la carretera de Lindes (830 m), por la que recorrimos los aproximadamente 2 km que nos separaban aún del coche.

La merecida cerveza, a falta de chigre en Lindes, la tomamos en el de Cortes a donde acababa de llegar una colectiva que habíamos visto por los puertos.

Un saludo
Cienfuegos

martes, 26 de octubre de 2010

Libro Recomendado: Obras de Titanes


Obras de Titanes
Construcción del Canal Caín-Camarmeña y de la Senda del Cares
Mariano Zubizarreta Gavito

Hoy os traigo un libro un tanto especial. Especial, porque no se trata de un libro de montaña, de viajes o de geografía, como los que suelo comentar aquí. Es un libro sobre todo eso y mucho más. Un libro que debería gustar por igual a los montañeros, senderistas o simples turistas, conocedores de la increíble Senda del Cares con deseos de saber un poco más sobre la historia de su construcción. También a ingenieros, técnicos o simples curiosos por saber como se llevó a cabo la titánica obra de construir un canal primero para conducir las aguas del río Cares desde la presa de Caín hasta la central hidroeléctrica en Poncebos y una senda de servicio después, para ayudar en el mantenimiento del canal, cruzando lugares donde antes solo había abismos intransitables.

jueves, 21 de octubre de 2010

La Llambria, la Foz de Saolla y Les Cuerries

Cordal de Ponga
Concejos de Ponga y Caso (Asturias)
13/10/2010

Hace un par de meses durante un circuito-ascensión a la Becerrera de San Pedro o Campigüeños que comenté AQUI, atravesé la zona alta del hayedo de Purupintu, dando vista a la escondida Foz de Saolla. Ya entonces comenté las ganas que tenía de visitarla. Lo poco que había conseguido leer sobre ella hablaba de un lugar de ensueño, de ríos con cascadas increibles y bosques donde necesariamente debían habitar seres mitológicos. Lugares primigenios que recorrer sin senderos ni caminos.

Solo unas semanas después, aprovechando el encuentro forero de Asturmet, Jonatan, Santos y yo hicimos planes para una visita a ese lugar. Al final Jonatan, Javi, Alex, Santos y yo mismo cruzamos por fin la increible foz de Saolla, atravesando los sobrecogedores bosques de Purupintu y Monte L´Agüeria, para descender posteriormente por la no menos increible garganta de Les Cuerries en un recorrido entre el pueblo de Taranes y Puente Les Cuerries, duro, muy duro, pero sencillamente maravilloso, del que por más que lo he intentado he sido incapaz de reducir el número de fotos a subir al blog, a menos de 60. Pocas para las más de 200 que tiré aquel día.

Distancia: 18 km
Desnivel máximo: 1.450 m
Desnivel acumulado positivo: 1.600 m
Desnivel acumulado negativo: 1.800 m
Tiempos: 10 y 1/2 horas
Observaciones: quiero dejar constancia de que gran parte del recorrido se hace por medio de espesos bosques sin senderos ni caminos, lo que obliga a tener un buen sentido de la orientación. Por otro lado, la foz de Saolla no puede ser atravesada si el caudal del río es alto. Algo parecido ocurre en la garganta de Les Cuerries, donde pese a existir un antiguo sendero, se debe cruzar el río un mínimo de 7 veces, sin que exista un solo puente.


Salimos de Taranes (500 m) cuando aún no habían apagado las farolas, por el conocido sendero que cruza la Foz de la Escalada. La anterior ocasión que había pasado por aqui apenas bajaba agua, pero este día, el agua era claramente el protagonista.





Al llegar a la derruida cabaña de Fresnu (1.050 m), tomamos a la derecha, dejando el más marcado sendero de la izquierda que nos llevaría hacia la majada de Entregüé y el Tiatordos, para seguir hasta la majada de Daón (1.300 m). El día no pasaba de regular, con una niebla que no acababa de levantar. A cambio ofrecía precíosos contrastes.



La collada de Fitu Muniellu se puede alcanzar directamente desde Daón, pero mis compañeros querían hacer cumbre en La Llambria, que no conocían, total la ruta ya iba a ser suficientemente larga y dura, no pasaba nada por endurecerla otro poco más. Masocasomos. Así que desde Daón, por un cómodo sendero nos acercamos a la majada de Piegüé (1.330 m).



Desde Piegüé se sube hasta la vega de Llagos (1.450 m), con la laguna con abundante agua en esta ocasión y por los Joyos de Piegüé se continúa hacia la cumbre de La Llambria.


Por fin, navegando con el GPS, imposible hacerlo sin él, alcanzamos la cumbre (1.752 m). Arrima niebla cerrada y ninguna vista. Dos veces he alcanzado esta cumbre y las dos me ha tocado niebla, como se puede ver en mi anterior visita AQUI.



En cumbre no paramos demasiado, tampoco había mucho que ver, así que para abajo, hacia la collada de Fitu Muniellu (1.565 m), para unos metros antes de ella, dejarnos caer a la derecha, entrando en la hoya que forma el hayedo de Purupintu, precioso y fantasmagórico entre las nieblas.





Para descender hacia la foz de Saolla, hay que atravesar todo el Monte la Vega, como se denomina a esta parte del hayedo de Purupintu, pero lo más cómodo es realizar una travesía hacia la izquierda, buscando la majada de Muniellu (1.446 m), una isla de hierba en medio del bosque y bajar todo lo que se pueda por la vaguada que se forma en ella. En este tramo algún venado espantamos.



En Muniellu paramos a comer y después bajamos a internarnos de nuevo en el bosque, con los sonidos de la berrea de fondo. En la zona baja de la Vega Muniellu, cuando la vega desaparece de nuevo en el bosque, tomamos un sendero que por la margen izquierda del arroyo avanza casi en llano, pero al poco nos pareció que era factible seguir directamente el curso seco del arroyo, en cuyas márgenes aparecen y desaprecen difusas veredas, de manera que nos tiramos abajo buscando el cauce.




En el último tramo parece distinguirse lo que en su día fue una buena pista armada, quien sabe si restos de antiguas comunicaciones ganaderas o de los tiempos de explotación forestal de la zona, cuando en el último cuarto del siglo XIX, se sacaba la madera del monte L´Agüera o La Llambria por un cable aereo desde la Peña el Aguila hasta Semeldón, donde se ubicaba "La Fábrica", es decir,  la serrería y una central hidroeléctrica para generar la electricidad necesaria y desde donde una precaria línea de ferrocarril la conducía hasta Sellaño. Aquel ambicioso proyecto tuvo una vida efímera, lo que por fortuna nos permite disfrutar de estos bosques, y terminó cuando el río Semeldón, siempre impetuoso, se llevó parte de la vía del tren, hacia 1938.

Se alcanza por fin una explanada (1.020 m), libre de árboles, en un punto donde parecen confluir varios arroyos. Buen lugar para ver el valle por donde hemos bajado, disfrutar del inmenso bosque de Purupintu y vislumbrar la entrada a la foz, que ya está cerca.




Desde esta explanada, bajamos hacia el río, buscando la entrada a la foz. No tiene pérdida y pese a no existir rastro alguno de sendero se avanza bien, siempre por la margen derecha del río, internándonos cada vez más en la estrechura de la foz.






Se llegá así, ya casi en la salida de la foz, al punto clave de la misma. En este lugar las paredes se cierran casi totalmente. Un enorme bloque ha quedado encajonado en el cauce. La única opción parece estar en pasar entre el bloque y la pared derecha de la foz, pero allí una poza con bastante profundidad obligaría a un baño, no siempre apetecible. El paso hay que buscarlo entre el bloque y la pared izquierda, para lo que se debe cruzar el río, complicado si éste lleva mucha agua. El paso, muy estrecho, cuenta con los apoyos justos para atravesarlo sin tener que quitarse las botas, aunque a poco más alto que hubiera estado el nivel de agua, nos habría obligado a mojarnos los pies.


Nada más salir de la foz el río se desguelga en ocultas cascadas hacia la profundidad del valle, lo que permite asomarnos a un increible balcón sobre el valle de Vallemoru o del río Semeldón y el maravilloso hayedo de Monte L´Agüeria o Monte La Llambria.


Siempre por la margen izquierda del río empezamos a perder altura a la vez que nos vamos internando en la espesura del Monte L´Agüeria. Cuando lleguemos a la base del valle (820 m), ya cerca del río, estaremos inmersos en el hayedo más increible que yo haya conocido nunca. El núcleo habitado más cercano está a mas de 3 horas de marcha y la sensación de aislamiento es total.






Y por supuesto setas, no en vano estamos en otoño.




Cruzamos el río y empezamos a ganar altura con tendencia a la izquierda. Recordemos que en este tramo no existen sendas ni caminos. La idea es ir ganando altura hasta la collada Valleyu (1.050 m), a donde llega una antigua pista maderera.



Al rato de ir subiendo, se pasa a la vaguada siguiente. Se subo un tramo más y alcanzamos una desdibujada senda que llanea hacia la izquierda. La seguimos, aunque se pierde poco más allá y obliga a seguir subiendo casi a derecho hasta salir ya cerca de la collada Valleyu (1.050 m) y alcanzar la pista.


La pista no supone una merma en la grandiosidad de la zona que vamos atravesando, ya que el bosque sigue siempre realmente precioso.



Por fin, unos 1.500 m más allá, alcanzamos la despejada collada de Llués (1.120 m) y sus praderías, cabañas y buena fuente (1.020 m), donde paramos a reponer fuerzas y decidir que hacer.


Las alternativas desde aqui eran regresar a Taranes por la conocida pista de Vallemoru, con un agotador descenso de hormigón desde la collada Taranes o hacer el descenso por Les Cuerries hasta el puente Les Cuerries en la carretera de Sellaño a Beleño, donde habiamos dejado un coche, por si acaso. Más corta en distancia, aunque más larga en tiempo. Sin duda alguna muchísmimo más guapa y entretenida. Algunos ya la conocían. Obviamente, tomamos la segunda opción.

Así que desde la collada Llués seguimos por la pista dirección Vallemoru hasta la siguiente collada de Cuadramoñu. En ella tomamos el ancho sendero que sale hacia la derecha y que en llano va internándose en el valle de Les Cuerries


El sendero se interna en el bosque, uno más y van..., y pierde algo de altura, mientras sigue con tendencia a la izquierda hasta lo que fue una buena cabaña. Estamos en la cabecera del valle Corina.



Toca ahora descender el valle Corina y perder de golpe unos 250 m. El descenso, ahora bastante cómodo, no lo imagino igual en primavera con aquel felechal en pleno vigor y sin duda bien cargado de "inquilinas".


Ya cerca del río se atraviesa una arcaica portilla y se cruza el río a la margen derecha. Empieza el espectáculo de Les Cuerries. La pena fue que lo tardío de la hora y lo plomizo del día, no ayudaron a que la calidad de las fotos hiciera justicia a la grandiosidad del paisaje.





El camino se descuelga, encajado de forma inverosimil, entre la peña y el río que baja en rápidas cascadas. Por fin se alcanza la zona menos pendiente del valle, lo que no significa que vaya a ser menos angosto, ni espectacular. Sin embargo aqui el sendero salta constantemente de una margen a la otra, buscando el lado menos malo, que no bueno, de avanzar.






Hasta en siete ocasiones, nosotros en nueve, al equivocarnos en uno de los cruces, tendremos que cruzar el rio hasta alcanzar, por fin y ya una vez superados unos prado, una zona se caleya más cómoda.



No obstante. Aún queda la última sorpresa. El descenso final al Puente de Les Cuerries (300 m) exige bajar por una canal que aunque corta, es extremadamente inclinada, húmeda y con mucho grijo. En la base de la misma se ha construido una rudimentaria escalera de hormigón que para lo único que sirve es para alimentar falsas esperanzas de aquellos incautos senderistas que hagan caso al letrero que puede verse en Puente Les Cuerries ...


... y es que la ruta es cualquier cosa menos "turística".

Un saludo
Cienfuegos