jueves, 30 de junio de 2011

Alrededor del Niajo

18/06/2011
Concejos de Ponga (Asturias) y Oseja de Sajambre (León)

Hace unas semanas el amigo Sito realizó una ruta sencillamente increible que nos recordó a Jonatan y a mi que teníamos pendiente la visita a Llué, así decidimos intentar (y digo intentar) repetir la ruta de Sito, y con esa idea nos juntamos Alex, María, Jonatan y yo mismo.

De mano el día no amaneció bueno. En Cangas de Onís vimos que estaba cubierto por encima de unos 1.500 m y titraba bastante aire, y la verdad, sabiendo como es la arista que separa el Niajo del Pozalón, como que no apetecía intentarla con niebla y viento, así que de mano ya decidimos hacer la ruta a la inversa de como se había programado, es decir, empezando en Puente Vaguardo y acabando en Ribota, esperando que el día mejorase por la tarde.

Distancia: 18 Km
Desnivel máximo: 1.050 m
Desnivel acumulado: 1.550 m
Tiempos:10 horas
NOTA: la mayor parte de la ruta discurre por terreno donde las antiguas sendas y/o caminos se han perdido completamente, por lo que toca tirar de intuición, orientación y saber hacer. El GPS ayuda poco en gran parte del recorrido.


Dejamos un coche en la carretera del Puerto del Pontón y descendimos hacia el Sella, para cruzarlo por Puente Vaguardo (450 m) y tomar el camino de Tolivia. Este recorrido hasta el pueblo ya lo he detallado en la entrada del ascenso a Peña Subes, por lo que no me extiendo demasiado. Si acaso decir que sigue sorprendiendome la dificultad de acceso que tenía el pueblo, lo que sin duda explica el hecho de que ya lleve años abandonado.




En esta parte hasta el pueblo pillamos la mojadura del día. En los tramos más despejados, la maleza invade totalmente el viejo camino, mucho más de lo que recordaba de mi última visita, aunque también puede ser que esta sea la época de  mayor vegetación. Lo que está claro es que la lluvia de la noche nos empapaba completamente los pantalones hsata el extremo de que había que ir escurriendolos cada poco.




Desde un punto alto del camino vemos, aún muy lejos, la Peña el Toru y a su derecha el  collado Reces a donde tendremos que llegar para luego descender a Llué.


La carretera del Pontón va quedando abajo. Al fondo, cerrando el valle, la Pica Ten, enseña de Sajambre y bien cerca de por donde bajariamos por la tarde.


Por fin, tras aproximadamente una hora, alcanzamos lo que queda de la ermita de Tolivia (655 m) y entramos en el pueblo. La maleza se ha tragado literalmente casas y horreos, aunque alguno de esos pequeños horreos beyuscos a dos aguas, aún permanece en pie.


Extrañas sensaciones en un pueblo que por momentos parece haber sido abandonado deprisa y corriendo. Si quereis ver más fotos de Tolivia, de nuevo os emplazo a mirar mi entrada sobre Peña Subes.



Cruzamos Tolivia y pasando por delante de lo que queda de su fuente, fechada en 1929, tomamos un marcado sendero que se interna en un precioso bosque, el del Valle Torbeñu, por el que empieza a ganar altura, dirigiéndose hacia la collada Reces.










Se alcanza un primer colladín, el Collado Cocillón (835 m) desde donde el sendero continua atravesando el bosque del Valle Trexéu hacia la Collada Reces, por momentos visible bajo la mole de la Peña el Toru.


Se pasa un invernal, una pradería conocida como Prado el Foyo y ya casi en llano llegamos a la collada Reces (974 m), donde permanece en pie una pequeña cabaña y desde donde tenemos una privilegiada vista del valle del río Cermozos o del río Ruaguín por donde tendremos que subir más tarde hacia la collada de Llaete.





El sendero que descendía hacia Llué hace tiempo que se ha perdido casi por completo. De todas formas nosotros conseguimos bajar bastante bien. Se empieza a bajar un poco a la derecha de la collada por entre el bosque del Monte Reces, con muchísima pendiente, evitando la canal repleta de felechos en esta época, que se abre justo bajo la collada. Bajando con una ligera tendencia a la derecha acabaremos encontrando lo que queda del sendero que a ratos apareciendo y a ratos desapareciendo nos baja bastante bien, dentro de lo que cabe, hasta Llué. Y digo dentro de lo que cabe, porque aqui se pierden más de 350 m de golpe y con una fortísima pendiente. Lo peor es saber que toda esa altura que pierdes aqui tienes que recuperarla después.




Precioso bosque el que se cruza en este tramo. Precioso incluso a pesar del culo-ski practicado en alguna que otra ocasión. Algunos  ejemplares de hayas son cuando menos llamativos.




Por fin se alcanza la planicie de Llué (605 m). El acceso en esta época es complicado. Tal parece que la maleza (helechos, ortigas,...) haya creado una especie de anillo protector de la vega, anillo que hay que atravesar por donde mejor se pueda. Dentro permanecen un par de praderías de buen tamaño, que dan muestra de lo que tuvo que ser este lugar durante los años en que estuvo habitado.


Y es que Llué es sin duda uno de los lugares, en tiempos habitado, más recónditos de Asturias. La vega está atravesada por el río Canalita, que desciende desde la hoya del bosque de Peloño, pero salvo en épocas de fuerte estiaje, no es posible ni remontar el río hacia Peloño, ni descender por él hacia el Sella. Los únicos accesos eran desde Tolivia y desde Llaete, por donde saldremos nosotros.



Conocida es la historia de Martinón. Durante el invierno de 1924 murió su esposa. La nieve mantenía el paso de Reces cerrado, así que durante días conservó el cadaver de su  mujer entre la nieve, metiéndolo en la casa por la noche para que no lo devoraran los lobos. Cuando por fin se abrió el paso, cargó el cadaver a cuestas hasta Reces. Alli encontró a un vecino de Tolivia que le ayudó a llevarlo hasta el cementerio del pueblo donde, por fin, pudieron dar sepultura a la buena mujer.


Hoy la casería, cuadras y molino de Llué se reducen a un montón de piedras. Nosotros solo localizamos los restos de unas paredes en medio de la vega. Tras la visita de rigor, un ligero descanso en la soledad de Llué y una nueva inspección en busca de garrapatas (a estas alturas alguno ya contabamos por decenas las que nos habiamos quitado de los pantalones), cruzamos el río Canalita, denominado a partir de aqui río Mojizo  para continuar hacia Llaete. Por cierto que bien fría estaba la "jodia" agua.




Nos despedimos de Llué, con la posible salida por el Canalita hacia Peloño a la izquierda (interesante recorrido a tener en cuenta para agosto o septiempre, cuando el río lleve poca agua) y la collada Reces a la derecha.


Los primeros metros por el valle Ceremozos o del río Ruaguín discurren sobre un incómodo canchal que cae desde las laderas del Niajo. Se ganan asi metros sobre la planicie de Llué para luego cortar casi en llano hacia el fondo del valle.




A partir de este punto nos internamos en un cerrado bosque. La primera parte resulta relativamente cómoda. El bosque está despejado y una poco perceptible senda nos lleva sin mayores problemas. Alguno incluso se hacía ilusiones de que después de todo no iba a ser tan malo. Pero mejor no confiarse.





Y es que a medida que ganamos altura el terreno se va volviendo más y más incómodo, por momentos casi imposible de recorrer dada la maleza que crece por todos lados. La garganta del río se cierra mucho en algunos tramos y el sendero, cuando tenemos la suerte de reencontrarlo, discurre junto al cauce del río, cuando no directamente sobre él.


Ya bastante arriba encontramos los peores tramos. Aqui hay que abrirse paso literalmente a golpe de bastón. Un machete no nos hubiera sobrado, la verdad. Las ortigas y los helechos levantan por encima de nuestras cabezas. Mejor no pensar en las garrapatas que vamos a pillar aquí.


Por suerte todo tiene un fin y se acaba saliendo a una pequeña vega en el cruce de dos ríos (1.170 m). El sendero continua por el de la izquierda (según el sentido de la marcha). Las vistas se abren ligeramente permitiendo distinguir la zona cimera del Pozalón.


Desde aqui el recorrido vuelve a ser cómodo. El sendero contniua por zonas más abiertas y ya nos llega el sonido de los cencerros del ganado que pasta por la zona.


Un poco más arriba se alcanzan los restos de una antigua mina de espato fluor y una buena cabaña, restaurada no hace mucho, donde cargamos agua (1.280 m).


Al lado de la cabaña está el Pozo de los Agustinos, el sumidero de arroyo Sera, que drena los collado de Llaete y Camba. Aqui el río cae en una cascada directamente al interior de la cueva. El sitio no puede ser más guapo. De manera que aqui paramos un buen rato a comer.




Desde la antigua mina, continua una pista que sube hasta las inmensas vegas de Llaete. En la collada de Llaete muere la pista que sube desde el pueblo de Pio y que permite la comunicación con los puertos de Arcenorio y desde éstos la salida hacia Peloño, Ventaniella o La Uña.




Desde la zona alta de Llaete (1.408 m) vemos al fondo del valle la collada Reces, por donde pasamos por la mañana y tras ella las cumbres del Sen de los mulos y Peña Subes, con la preciosa cresta que los une.




A lo lejos El Pico Zorru o Collado Zorru y el Picu Lluengu, por encima de la hoya donde se asienta el bosque de Peloño.


A un lado de la collada, los preciosos pastos de Llaete y el camino que continua hacia Arcenorio....


... y al otro lado: el valle de Sajambre, cercado por los Picos de Europa y la cordillera Cantábrica, destacando en esta, a la derecha, lo que creo que es el Gildar (no conozco demasiado de esa zona, la verdad).






En Llaete se plantearon dudas sobre que hacer. Ya llevabamos muchas horas y en caso de hacer la cresta del Pozalón-Niajo no llegariamos al coche antes de las 9 de la noche. Por otro lado, el día había despejado completamente y era una pena no hacer cumbre para disfrutar de las vistas. Subir solo el Pozalón y no hacer la cresta también nos parecía quedarnos a medias. Lo que más nos atraía del pico era precisamente esa cresta.



Al final, decidimos dejar la cumbre del Niajo para disfrutarla otro día sin prisas. En la cara norte se abre una interesante via de acceso que se nos apetece conocer y que obliga a no tener que estar pendiente de horarios, así que tomamos la pista que desciende a Pío, por la que bajamos hasta la cota 1.020 m aproximadamente, donde, en una cerrada curva a derechas, un sendero asciende hacia la izquierda.


El sendero nos sube con un par de revueltas al collado de la Puerta Cimbera que se abre bajo la Peña el Castillo y que da vista al valle del río Igüeyo que baja directo a Ribota. Enfrente vemos la colgada planicie de La Guaricia, por donde deberíamos haber bajado en caso de haber hecho la cresta Pozalón-Niajo.


Al otro lado del valle del Sella destaca la mole de Peña Beza, con el Cantu Cabroneru asomando por detrás.



En un primer momento seguimos un cómodo sendero que parece presagiar un rápido descenso a Ribota. Sin embargo el sendero, como casi todos los del día se pierde en la maleza.

Tras atravesar un par de ¿prados? (quizás en otros tiempos) el sendero desemboca en un cruce de caminos. El de la derecha parece estar totalmente tomado y abandonado, por lo que nos decidimos por el de la izquierda que empieza a recorrer lateralmente el valle, ganando altura paulatinamente.

Al fondo se ve el Collao de la Puerta Cimbera por donde entrramos en el valle.


El sendero muere por fin al pie de un crestón calizo por donde parece que podriamos progresar y ganar el sendero de La Guaricia. Sin embargo no sabemos lo que habrá al otro lado. Al final perdemos altura "a derecho" intentando salir al sendero que hemos perdido y que debe descender por el valle por debajo de nosotros. El terreno no puede ser más incómodo. No hay sendero alguno, pero por fin salimos al camino que perdimos más arriba. Todo parece indicar que deberáimos haber forzado la opcion del camino de la derecha.


Unos metros más abajo nos damos cuenta que la opción del crestón tampoco hubiera acabado bien. Este muere en un cortado donde nos hubieramos enriscado. Menos mal que le hicimos caso a Jonatan.


Desde aqui ya solo resta seguir el sendero, aún muy tomado por helechos y donde pillaremos la mayor cantidad de garrapatas de todo el día. A estas alturas ya eran cientos (y no, no exagero) las que me había quitado de encima.

Poco más abajo salimos, por fin, a un sendero más ancho y marcado. Es el que sube a la Guaricia y por él  descendemos, ahora ya si, cómodamente, hacia Ribota disfrutando de las vistas sobre el Cantru Cabroneru, Peña Beza, el Cornión y justo enfrente Oseja de Sajambre al pie del Jario.



Llegariamos a Ribota algo más de 10 horas después de haber salido de Puente Vaguardo. Menos mal que al final no intentamos la cumbre del Pozalón. Creiamos que el descenso a Ribota nos iba a llevar bastante menos y tampoco era plan de plantarse en el coche a las 10 de la noche.


Cambio de ropa, última inspección en busca de garrapatas (bueno, en realidad la última sería ya en casa justo antes de la ducha y aún me quitaría unas cuantas más) y a Puente Vidosa a tomarnos una más que merecida cerveza.


Un saludo
Cienfuegos