18/02/2012
T.M. de Salas (Asturias)
Nuevo paseo corto y facilón. De momento poco más tengo que contar. La novedad en esta ocasión es la zona: Salas, a donde no suelo ir mucho de monte, la verdad. Me llevé a la peque para hacer una pequeña ruta de la que había leido, la Cascada del río Nonaya. No es una cascada especialmente conocida, tampoco es demasiado espectacular, pero tengo que reconocer que la ruta en conjunto resultó mucho más guapa de lo que esperaba.
Distancia: unos 7 Km desde Salas (ida y vuelta)
Desnivel: unos 200 m
Tiempos: unas 2 horas y media
Dejamos el coche en el propio pueblo de Salas y comenzamos a caminar en la plaza en la que se levanta la imponente Torre de los Valdés, del Siglo XIV.
Pasamos bajo el arco que la une al Palacio de los Valdés, dejando atrás la Colegiata de Santa María la Mayor.
A continuación podremos optar entre seguir la calle que se interna en el valle del río Nonaya y tomar el nuevo paseo fluvial junto al mismo río. En cualquier caso el resultado será el mismo.
Una vez hayamos dejado atrás las últimas casas del núcleo seguiremos por una buena pista que poco a poco se interna en el valle, en un primer momento entre ocalitos (eucaliptus) de repoblación de los que por desgracia tanto abundan en el concejo.
La pista tiene buen ancho y firme. No nos debe de extrañar pues es el antiguo camino real que desde Salas subía a La Espina y que tras su abandono al construirse la carretera nacional, mantiene aún su uso y razón de ser al formar parte del Camino Antiguo a Santiago de Compostela.
Continuamos y poco más adelante, tras echar un trago de agua en la fuente de El Paín, alcanzamos las antiguas instalaciones de una mina de caolín, hoy abandonada.
Allí descarga siempre un buen manantial, en parte entubado, que atraviesa el camino
El camino continua siempre sin posibilidad alguna de pérdida o confusión, ganando altura poco a poco sobre el río Nonaya y entrando, contra todo pronóstico, en un precioso bosque autóctono, poblado de robles, castaños, fresnos y avellanos.
Continuamos ascendiendo y alejándonos poco a poco del río, siempre en medio de un precioso bosque, que sin duda lo será más aún en primavera.
Alcanzamos un primer puente de magnífica hechura, el Puente de Borra, del Siglo XVII.
Y un poco más allá un segundo puente, el Puente del Carcabón, también del Siglo XVII.
Sin embargo no debemos llegar a cruzar este segundo puente. Justo antes de él, desciende a la derecha un sendero que pasa junto al mismo y que pierde altura hacia el río Nonaya.
Abajo, un pequeño puente nos permite cruzar a la margen izquierda. La cascada del Nonaya ya se ve entre los árboles.
Alcanzamos así por fin la cascada. Es pequeña. De unos 6 u 8 metros de altura , pero el sitio es precioso. Ni sé las veces que habré pasado por la carretera nacional en coche, viendo las enormes plantaciones de ocalitos, sin sospechar que en el fondo del valle se escondiera un lugar como este.
La cascada es curiosa. Se sitúa en la unión de dos arroyos similares en tamaño, el Porciles, que llega por la margen derecha y el de La Bouza que lo hace por la izquierda y sobre el que se sitúa la cascada. Ambos forman el río Nonaya como tal. Normalmente las meceduras de los ríos se hacen a nivel, sin embargo en este caso, el arroyo de La Bouza cae en cascada sobre el otro.
Allí nos quedamos un rato disfrutando de la soledad del lugar. Sin duda en primavera tiene que ser un sitio aún más guapo, aunque me imagino que en verano la cantidad de agua en la cascada mengüe mucho. El río Nonaya es pequeño.
Una vez de regreso a Salas y tras comer en uno de los bares del pueblo, nos acercamos a conocer el Texu (tejo) de San Martín, junto a la iglesia del mismo nombre, con elementos del prerrománico del Siglo X y ubicada en el cementerio de Salas.
El tejo tiene unos 800 años y está declarado Monumento Natural y tiene unos 15 m de altura, pero sobre todo llama la atención el perímetro de su tronco, de más de 6 m y el de su copa de unos 13 m. Le acompaña un segundo tejo con un perímetro de tronco de casi 3 m.
Y de ahí para casa. Os dejo el track (aunque en realidad no hace falta, dada la sencillez de la ruta) y un pequeño video (tan cutre como siempre).
Un saludo
Cienfuegos
































































