domingo, 26 de febrero de 2012

La Cascada del Nonaya

18/02/2012
Concejo de Salas (Asturias)

Nuevo paseo corto y facilón. De momento poco más tengo que contar. La novedad en esta ocasión es la zona: Salas, a donde no suelo ir mucho de monte, la verdad. Me llevé a la peque para hacer una pequeña ruta de la que había leido, la ruta de la Cascada del río Nonaya. No es una cascada especialmente conocida, tampoco es demasiado espectacular, pero tengo que reconocer que la ruta en conjunto resultó mucho más guapa de lo que esperaba.

Inicio/Fin: Salas
Distancia: unos 7 Km desde Salas (ida y vuelta)
Desnivel: unos 200 m
Tiempos: unas 2 horas y media 
NOTA: Yo hice la ruta en 2012. En aquel momento no estaba balizada. Se que en 2015 esta ruta aparece catalogada y balizada como el SL.AS-22 "Ruta a la Cascada del Nonaya"


Dejamos el coche en el propio pueblo de Salas y comenzamos a caminar en la plaza en la que se levanta la imponente Torre de los Valdés, del Siglo XIV.


Pasamos bajo el arco que la une al Palacio de los Valdés, dejando atrás la Colegiata de Santa María la Mayor.


A continuación podremos optar entre seguir la calle que se interna en el valle del río Nonaya y tomar el nuevo paseo fluvial junto al mismo río. En cualquier caso el resultado será el mismo.


Una vez hayamos dejado atrás las últimas casas del núcleo seguiremos por una buena pista que poco a poco se interna en el valle, en un primer momento entre ocalitos (eucaliptus) de repoblación de los que por desgracia tanto abundan en el concejo.


La pista tiene buen ancho y firme. No nos debe de extrañar pues es el antiguo camino real que desde Salas subía a La Espina y que tras su abandono al construirse la carretera nacional, mantiene aún su uso y razón de ser al formar parte del Camino Antiguo a Santiago de Compostela.


Continuamos y poco más adelante, tras echar un trago de agua en la fuente de El Paín, alcanzamos las antiguas instalaciones de una mina de caolín, hoy abandonada.


Allí descarga siempre un buen manantial, en parte entubado, que atraviesa el camino


El camino continua siempre sin posibilidad alguna de pérdida o confusión, ganando altura poco a poco sobre el río Nonaya y entrando, contra todo pronóstico, en un precioso bosque autóctono, poblado de robles, castaños, fresnos y avellanos.





Continuamos ascendiendo y alejándonos poco a poco del río, siempre en medio de un precioso bosque, que sin duda lo será más aún en primavera.



Alcanzamos un primer puente de magnífica hechura, el Puente de Borra, del Siglo XVII.




Y un poco más allá un segundo puente, el Puente del Carcabón, también del Siglo XVII.


Sin embargo no debemos llegar a cruzar este segundo puente. Justo antes de él, desciende a la derecha un sendero que pasa junto al mismo y que pierde altura hacia el río Nonaya.


Abajo, un pequeño puente nos permite cruzar a la margen izquierda. La cascada del Nonaya ya se ve entre los árboles.



Alcanzamos así por fin la cascada. Es pequeña. De unos 6 u 8 metros de altura , pero el sitio es precioso. Ni sé las veces que habré pasado por la carretera nacional en coche, viendo las enormes plantaciones de ocalitos, sin sospechar que en el fondo del valle se escondiera un lugar como este.




La cascada es curiosa. Se sitúa en la unión de dos arroyos similares en tamaño, el Porciles, que llega por la margen derecha y el de La Bouza que lo hace por la izquierda y sobre el que se sitúa la cascada. Ambos forman el río Nonaya como tal. Normalmente las meceduras de los ríos se hacen a nivel, sin embargo en este caso, el arroyo de La Bouza cae en cascada sobre el otro.


Allí nos quedamos un rato disfrutando de la soledad del lugar. Sin duda en primavera tiene que ser un sitio aún más guapo, aunque me imagino que en verano la cantidad de agua en la cascada mengüe mucho. El río Nonaya es pequeño.


Una vez de regreso a Salas y tras comer en uno de los bares del pueblo, nos acercamos a conocer el Texu (tejo) de San Martín, junto a la iglesia del mismo nombre, con elementos del prerrománico del Siglo X y ubicada en el cementerio de Salas.



El tejo tiene unos 800 años y está declarado Monumento Natural y tiene unos 15 m de altura, pero sobre todo llama la atención el perímetro de su tronco, de más de 6 m y el de su copa de unos 13 m. Le acompaña un segundo tejo con un perímetro de tronco de casi 3 m.



Y de ahí para casa. Os dejo el track (aunque en realidad no hace falta, dada la sencillez de la ruta) y un pequeño video (tan cutre como siempre).




Un saludo
Cienfuegos

viernes, 17 de febrero de 2012

Raquetada alrededor de Peña Celleros

11/02/2012
Alto Bernesga
T.M de Villamanín (León) y Lena (Asturias)

Ha costado, pero por fin el sábado pasado pudimos estrenar la temporada de raquetas y después de deshojar la margarita de las posibilidades: San Isidro, Ventana, Torrestío, ... nos decantamos por Pajares, a donde tengo que reconocer que vamos poco, la verdad. Ya había quien decía que este año ya no vendría invierno. Anda que no queda tiempo para pasar frío, ninada. Pero de momento el sábado daban bueno. Había que aprovechar y disfrutar como un enano con la nieve.

Distancia: 10 Km
Desnivel máximo: 475 m
Desnivel acumulado: 505 m
Tiempos: 4 horas y media


Dejamos el coche en el aparcamiento que hay frente al cruce de la estación de ski de Valgrande Pajares, casi en el alto del Puerto de Pajares con un día frío (-4,5ºC), pero que prometía cielos despejados. Poca gente aún a aquellas horas.


Bajando unos metros por la carretrea, justo bajo el cruce de la estación, se ve la traza de la antigua nacional, hoy abandonada, cercada por una valla que tendremos que saltar.


Al otro lado se va abriendo un valle hacia la derecha, mientras que a nuestras espaldas iremos dejando la mole del Cellón. Por cierto que los cables de las líneas de alta tensión que cruzan el puerto estaban helados y se les veía una buena camisa de hielo alrededor.


Desembocamos así en una amplia vega cruzada por un serpenteante arroyo.


Hacia atras aún vemos la zona de Pajares, cosida a torres de alta tensión. El día había despejado casi por completo. La jornada prometía ser espléndida.


Cruzamos la vega, mientras empezamos a ver la zona alta de Peña Celleros, el objetivo del día, si todo iba bién. La idea: hacer cumbre y bajar luego por toda la cresta hacia el aparcamiento.


Ganamos un pequeño collado que cierra la vega por el sur y damos vista a la majada de Las Caballetas y al valle del mismo nombre, cerrado en su extremo por Peña Celleros.


Desde la majada tomamos un marcado camino (hoy cubierto por la nieve) que ganando altura, rodea hacia el este, buscando el contiguo valle Madera.



Al otro lado del valle del Bernesga vemos la mole del Cellón y bajo él, tirando de zoom, Arbás del Puerto, donde iríamos después a comer.



Acabamos de bordear la ladera que venimos rodeando y vemos ya la entrada al valle Madera, para lo que tendremos que perder unos metros y vadear su arroyo.


En este tramo estamos siguiendo el Camino de San Salvador, entre León y Oviedo. Precisamente el invierno pasado habíamos recorrido, también con raquetas, otro tramo en la parte asturiana del Puerto de Pajares.


Tras vadear el arroyo Madera, dejamos a la izquierda el Camino de San Salvador y tomamos por la buena pista que nos llevará, siempre en ascenso por la margen derecha y cerca del fondo, en busca del collado que cierra el valle, entre las cumbres del Celleros y el Foxalbo.


La verdad es que nos encontramos menos nieve de la que esperabamos y estaba muy venteada y helada, pero de momento las raquetas hacían que subieramos cómodos.


A mitad de ascenso, el día, que se había mantenido despejado, empieza a dejar entrar alguna nube que por momentos tapa el collado y Peña Celleros, pero eran nubes que iban y venían, de manera que no nos preocupaban en exceso.


La pista zigzaguea en los tramos más pendientes. Siempre balizada por pequeños postes metálicos y una línea de alambre, resulta perfecta para raquetear y seguramente para foquear cuando haya buena capa.


 A lo lejos, al otro lado del valle, las montañas de la Sierra del Cuadro con la afilada cumbre del Estorbín de Valverde destacando.


Seguimos subiendo y vemos como por arriba el día se encabrona (con perdón). Las nubes se arremolinan cada vez con mayor frecuencia y volumen en el collado y empezamos a temernos lo peor.


En este punto hacemos una parada ppara tomar algo caliente y dar tiempo a que el día despeje por arriba mientras disfrutamos de las vistas hacia el otro lado.


El último tramo hasta el collado lo encontramos muy helado. La verdad es que demasiado para ir con raquetas. Con todo conseguimos subir, solo para comprobar que, una vez más, Pajares me regala lo que mejor se le dá, la niebla. No recuerdo una sola salida de monte por la zona alta de Pajares en que la niebla no haya sido la protagonista y es entonces cuando me doy cuenta de porqué vengo tan poco por aquí.


Esperamos un rato en el collado, pero el día lejos de abrir se cierra cada vez más hasta el extremo de que la visibilidad se reduce a una decena de metros. Desechamos la idea de hacer cima. La niebla y sobre todo el hielo no hacen recomendable forzar la cumbre yendo con raquetas. A última hora y contra lo que suele ser habitual en mi, decidí dejar los crampones en casa. ¡Bien!.

Las opciones eran desandar todo el camino, que no apetecía, o bordear Peña Celleros hasta ganar el valle del Brañillín y bajar por la estación de esquí, así que navegando con el GPS empezamos a cruzar la ladera sur de Peña Celleros. Aqui debo decir que hasta cierto punto nos la jugamos, ya que ni la pendiente ni, sobre todo, el estado de la nieve, excesivamente helada, recomendaban hacer aquel flanqueo en raquetas. Yo aviso por si alguién pretende repetir ruta.

Una vez ganamos el valle del Brañillín comenzamos a perder altura con mucho cuidado, buscando las zonas menos venteadas y con mejor nieve hasta que por fin salimos de la niebla y podemos ver las pistas de la zona de Cuetu Negru.


En la zona baja, ya más tranquilos, volvemos a disfrutar de la raquetada, buscando la salida del valle por las pistas del Vallón.



Los últimos metros los hacemos directamente por las pistas del Vallón, con muy pocos esquiadores la verdad.




Llegados a la estación guardamos las raquetas y ya solo nos quedaría bajar por la carretera hasta el coche, disfrutando mientras tanto de las vistas hacia la zona de las Ubiñas. Látima de nubes.


Y viendo, como no podía ser otra manera, como Peña Celleros se desprendía a última hora de la boina para reirse de nosotros, momento en el que tuve un "deja vú" de anteriores visitas a su hermano mayor, el Cellón.


Por fin llegamos de nuevo al coche, con el aparcamiento bastante más lleno a aquella hora y bastante gente disfrutando de la nieve por la zona. Trineos, muñecos de nieve, guerras de bolas, ... ha costado pero dicen que el invierno no se lo come el lobo. Nosotros, para recuperar fuerzas nos fuimos a meternos un contundente menú a Arbás del Puerto, que después de todo, tampoco había estado tan mal la ruta.


Un saludo
Cienfuegos