lunes, 20 de abril de 2015

Por la Sierra de Pigüeña

21/03/2015
Sierra de Pigüeña
Concejo de Somiedo (Asturias)

Una vez más vuelvo a Somiedo para dejarme guiar por Victor "Orbayu", para recorrer viejas y olvidadas sendas por una de las zonas, seguramente, menos visitadas del Parque Natural, la pequeña Sierra de Pigüeña. El día, muy metido en nieblas, nos impidió disfrutar de las, sin duda, preciosas vistas desde la zona alta de la sierra, pero a cambio envolvió los bosques en ese hábito de misterio que solo se da en los viejos hayedos.



Inicio/Fin: Pigüeña
Distancia: 12 Km
Desnivel: 700 m
Desnivel acumulado positivo: 1.050 m
Tiempos: 7 horas


Era la primera vez que paseaba por Pigüeña, que solo conocía de paso hacia Villar de Vildas o de verlo desde la Sierra de la Serrantina, al otro lado del valle. El pueblo es grande y cuenta con un buen número de viejas y preciosas casas de piedra, que hacen que parezca anclado en los años 50 del pasado siglo y que merezca la pena recorrerse con calma y disfrutar de sus rincones.


El día ya vemos que está feo, aunque aún esperamos que abra. De momento trazamos mentalmente nuestra primera parte del recorrido, alcanzar La Cerra, el crestón calizo que forma la parte alta de la Sierra de Pigüeña, para intentar dar con el paso de la Muezca el Tchaguazo, una antigua senda pastoril que permitía la comunicación con la vertiente de Pigüeces.


Salimos de Pigüeña por su parte alta, subiendo hacia la braña de Chaneces. Para ello, en un primer cruce dejamos una caleya a la derecha y en el siguiente, un cruce muy amplio, tomamos la de la izquierda.


Pigüeña va quedando abajo. Al otro lado del valle, la Sierra de la Serrantina permanece envuelta en las nieblas.



Alcanzamos las fincas de Chaneces. Subimos con tendencia al izquierda. En el siguiente cruce y tras saltar un cierre de alambre, tomamos la senda que sigue subiendo a la derecha. En la foto, una vista atrás.


Salimos de Chaneces hacia la izquierda, pasando por encima de las últimas fincas. La senda, ya casi imperceptible, se pega a la base de los crestones rocosos que caen desde arriba. Entre la niebla no acertamos a ver la collada que marca el paso de la Muezca, por lo que tenemos que tirar de GPS. Alcanzamos una especie de vaguada en la que se ve rastro de paso y subimos por ella. Seguimos con tendencia hacia la izquierda hasta alcanzar un marcado colladín en medio de la ladera.


En el colladín cambiamos el rumbo a la derecha. Subimos ahora por luna ladera mayormente de hierba con algunos árboles aislados hasta que nos situamos en la base de La Cerra, la cresta caliza que corona la sierra. Al llegar a ella, empezamos a recorrer su base hacia la izquierda hasta que damos con una canaleta con rastro de paso que identificamos, gracias al GPS, en la vertical de la collada que buscamos. La canal presenta mucha pendiente y se hace necesario apoyar las manos, pero nos saca directos a la Muezca el Tchaguazo.


Solo unos días después Victor volvería por aquí, con bastante mejor día y daría con el paso ganadero, solo unos metros más a la izquierda de por donde subimos nosotros, un pequeño atajo. El acceso por ese punto parece ser mucho más amigable. De todas formas saldremos a lo alto de la Sierra de Pigüeña.


De haber tenido mejor día habríamos podido disfrutar de las vistas hacia el valle de Pigüeces, con la Sierra del Rubio enfrente, o toda la Sierra de la Serrantina a nuestras espaldas, pero hoy no tenemos suerte, así que nos olvidamos de las vistas y empezamos a recorrer la sierra por arriba.



Poco después nos internamos en el hayedo de la vertiente de Pigüeces, que vamos a ir cortando en horizontal, disfrutando de las fantasmagóricas escenas de los árboles envueltos en la niebla.



La niebla no deja de ser un incordio y sin embargo, me encanta recorrer viejos hayedos en días así.



De repente, cuando estamos alcanzando la cabecera de una marcada vaguada, la niebla desaparece, dejándonos ver el bosque que nos rodea.




Bajamos unos metros por el centro de dicha vaguada hasta que localizamos el punto donde nace la Fuente la Biesca. Buen nombre para un manantial en mitad de un bosque. A la altura de la fuente y casi en horizontal una vieja senda corta el hayedo, pero nosotros vamos a dar un pequeño rodeo. Desde la fuente empezamos a perder altura por el centro de la vatchina, cada vez más marcada.


Entramos así en la Vatchina El Tchumbadeiro por la que vamos a hacer el descenso hacia el valle de Pigüeces. En otros tiempos esto era terreno ganadero y una vieja senda la recorría. Solo los restos de algunos muros demuestran su existencia.


Hoy solo algunos, ... digamos "excéntricos" de la montaña pasamos por aquí. Y eso hace que puedas encontrarse cosas como esta.


El invierno ha pegado duro en el Tchumbadeiro y hay multitud de árboles tirados que nos complican un poco el descenso.


Alguno de los muros que se conservan y que parecían delimitar fincas o separar el viejo camino del arroyo, que hoy es el dueño y señor de toda la vatchina.


Justo en su salida inferior, la vatchina se estrangula. Quizás la vieja senda bajara más a la derecha. Nosotros salimos por el centro de la vaguada, pasando junto al Pozo Caliero, una pequeña oquedad que se abre a la izquierda, justo bajo la salida.



Alcanzamos así el valle de Pigüeces. Enfrente deberíamos poder ver la Sierra del Rubio, pero de nuevo la niebla nos lo impide. Desde el pueblo, un buen camino sube hasta la braña de Pigüeces por la margen derecha del valle, pero otro, menos usado y también menos conocido, sube por la margen izquierda. Será el nuestro.



La senda sube muy marcada por medio de un tramo de bosque, dejando bajo nosotros algunas fincas.


Alcanzamos así la base de una nueva vaguada junto a un prado de buen tamaño. Se trata de la vatchina La Gargantietcha. Será por la que subamos. Atrás dejamos la Sierra del Rubio.


Visto desde la ladera del Rubio, al otro lado del valle, lo que hemos hecho sería más o menos así, bajar por el Tchumbadeiro y subir valle arriba hasta enlazar con la Gargantietcha por la que subimos de nuevo hacia lo alto de la sierra. Luego seguiremos ruta hacia la izquierda.


La entrada a la Gargantietcha pone a prueba el fondo de cada uno. Yo llevaba una temporada sin salir y aquí los cuádriceps calentaron bien.



A medida que ganemos altura la vaguada se va a ir abriendo y suavizando, hasta cierto punto, su pendiente.



Precioso el bosque en este tramo.


El bosque cambia radicalmente en la zona alta, totalmente diferente. El monte el Gatcho recibe el nombre de que en estos acebales abundaban, en otros tiempos, los urogallos.


Cortamos la misma senda que habíamos dejado a la altura de la Fuente la Biesca y seguimos subiendo hasta cerca de la cumbre del Alto las Gabuxas o Alto Falgueras, la máxima altitud de la sierra. Por debajo de ella pasa la senda más habitual para comunicar esta zona con el pueblo de Pigüeña, por el Alto la Sierra. Nos aproximamos al extremo sur de la sierra para ver el siguiente tramo del recorrido, que será bajar hasta las fincas de la Barzanietcha y subir por el hayedo de La Enramada para salir, a la derecha, por el Sierro Queimao. Al fondo deberíamos poder ver las cumbres del Vildéo y la Penalba, pero está visto que el día no nos va a dar ni una alegría. Bastante tendremos si no se nos pone a llover.


Bajamos hasta la collada del Chanu la Chanza, que separa los valles de Pigüeces y de Pigüeña.


A la derecha vamos a dejar el valle de la Reguera, que baja hacia el Pigüeña. Esta sería una opción de bajada hacia la braña de Combarros, por donde más tarde pasaremos de regreso al pueblo, pero hoy no toca bajar por aquí, ya que ahora a donde nos dirigimos es al hayedo de La Enramada, que no debemos confundir con el que atravesamos al subir desde Coto de Buenamadre a la braña de Mumián. Esta es otra Enramada.


Así que cortamos por encima de La Reguera para dirigirnos a las fincas de La Barzanietcha, con una solitaria cabaña, aún en pie.


En otros tiempos la senda bordeaba La Barzanietcha por la izquierda, pero ahora está muy tomada, por lo que subimos por los prados. La cabaña de La Barzanietcha a la izquierda y el Chano la Chanza, de donde venimos a la derecha, con la cumbre del Alto las Gabuxas al fondo.



Subimos hasta el extremo de los prados y entramos en el precioso hayedo de La Enramada, subiendo junto al cauce del arroyo.



Por momentos la niebla vuelve a envolvernos.


La zona alta es una maravilla y solo puedo pensar como será esto en primavera o mejor aún, en otoño.


Más arriba la vaguada por la que estamos subiendo se divide. El agua le llega mayormente de la derecha (sentido de la marcha). Seguimos por esa mano y poco después llegamos al punto donde nace el arroyo, el manantial de la Fonfría.


Desde aquí podríamos alcanzar fácilmente por el Chano los Cutchaos a las cumbres de la Penalba o el Vildéo, pero hoy no toca buscar cumbres, hoy lo que buscamos son viejas sendas, y eso hacemos a continuación. Justo a la altura de la Fonfría tomamos en horizontal hacia la derecha (margen izquierda de la vaguada). Tras un primer tramo en el que apenas se aprecia senda, un poco más allá damos con lo que queda de la caja de un viejo camino. Unos acebos en medio del bosque son una buena referencia.


La senda se hace más evidente a medida que avanzamos por ella. Estamos cortando en horizontal el bosque de La Enramada.


El último tramo, que precede a ganar el crestón del Sierro Queimao, me resulta el más espectacular. Tétrico, fantasmal, precioso.


Y salimos así al filo del Sierro Queimao. El bosque muere justo aqui. Desde él se abre una ladera herbosa que, dado el nombre, suponemos que en otros tiempos se quemaba regularmente para garantizar el pasto. Aprovechamos el despeje para hacer una parada y comer, esperando que levante la niebla y nos deje disfrutar de las vistas sobre la cabecera del valle del Pigüeña que hay desde aquí, pero, está visto que el día hoy no dará su brazo a torcer.


La senda empieza a perder altura poco a poco por Las Cintas, unas bandas de hierba intercaladas entre otras de caliza. Durante un primer tramo la senda se muestra clara, aunque poco más allá parece desaparecer.


De todas formas la reencontramos solo unos metros después. Sigue de frente, rectilínea y perdiendo altura poco a poco en un tramo en el que aún conserva varias armaduras.


Poco después salimos de la línea de niebla y esta se diluye un tanto, permitiéndonos ver algo a nuestro alrededor. Al fondo se intuye la cabecera del valle del Pigüeña.


En el fondo del valle, el pueblo de Vil.lar de Vildas. Sobre él deberíamos ver el Cabril, el Cogol.lu Cebol.leo, ... pero hoy nos conformaremos con esta vista.


Nosotros estamos ya en la vertical de la collada en la que se asienta la braña vieja de Pigüeña, la braña Chanos, por donde pasa el camino que comunica Pigüeña y Corés, por lo que empezamos a perder altura directamente hacia ella entre los numerosos acebos que salpican la ladera.


Arriba quedan Las Cintas, esas bandas herbosas que tanto me recuerdan a la cara sur del Michu. Al fondo el Alto las Gabuxas y en medio el arroyo de La Reguera.


Llegamos a la vieja braña Chanos, enteramente en ruinas. Al otro lado del valle La Rebol.lada, bajo la Sierra de la Serrantina.


Bajo lo que queda de la braña tomamos a la derecha, bajando por el sendero que bordea justo por encima un prado. La senda baja hasta una primera curva a izquierdas y se encamina a una buena cabaña, en donde de nuevo gira a la derecha, buscando el descenso hacia la braña de Combarros. La idea es bajar hasta el arroyo de La Reguera y salir a la senda horizontal, que vemos al otro lado del valle.


El camino es bueno pero el nombre de Combarros no es por nada. El sendero presenta algunos tramos con ingentes cantidades de barro que nos obligan en algún punto a abandonarlo y cortar por los prados. Ya tenemos el cruce de la Reguera muy cerca.


Llegamos a la altura del arroyo de La Reguera que sigue su curso valle abajo, buscando su desembocadura en el río Pigüeña.


Desde aquí tomamos por un buen y ancho camino que continúa en horizontal y que nos conducirá, sin pérdida posible ya, a Pigüeña.



Abajo ya se ven las casas del pueblo. Unos metros antes de llegar a él pasamos junto a una fuente en la que aprovechamos para lavar un poco las botas.


Ya en el pueblo, vemos que la niebla ha levantado lo justo para poder ver la parte alta de La Cerra e identificar el punto por donde nosotros alcanzamos la Muezca el Tchaguazo (puntos) y por donde discurría la senda por la que se conducía el ganado (trazos).


Y termino la ruta como la empecé, tirando un buen número de fotos a las viejas casas de Pigüeña. Un paisaje que no puedo evitar recordarlo en blanco y negro.


Y eso fue todo. Os dejo el track



Un saludo
Cienfuegos

16 comentarios:

  1. Hola Javier. Enhorabuena por la pasión a la montaña que consigues transmitir con tu blog. Esta ruta, como no podía ser de otra forma llevando el mejor conocedor de Somiedo, es una preciosidad.
    Quería agradecerte que gracias a ti, entre otros, Monchu, las Claras, Sedeño, etc., empiezo a dar mis primeros pasos en montaña. Aún recuerdo una respuesta tuya de ánimos a un mensaje que puse en foropicos sobre inicio tardío en montaña y ahora casi un año después ya formo parte de un club de montaña, me he federado y hacemos rutas de 20 kms con desniveles acumulados de 1200 por las Sierras de Alcaraz y del Segura en Albacete. Un saludo cariñoso. Alfonso.

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    1. Gracias Alfonso. Me alegro que le hayas dado una oportunidad al gusanillo del monte. Por lo que comentas algo más que gusanillo, ya. Esas distancias y desniveles ya no son tonterías. Lo dicho, gracias por pasarte por el blog.
      Un saludo

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  2. Menudo subidón con esos bosques y esos paisajes. Somiedo es lo màs! Preciosas fotografías y reportaje para variar. Un abrazo

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    1. Ya sabes que a mi los bosques me pueden y para eso Somiedo ofrece muchos rincones.
      Un abrazo

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  3. Impresionante, Cienfuegos. He disfrutado una barbaridad siguiendo vuestros pasos por esta sierra tan guapa y espectacular que no tengo el gusto de conocer. Tomo nota de la ruta y de los valiosos topónimos que indicas en el reportaje. Un placer seguir tus rutas, formáis un equipo envidiable. Tengo ganas de conocer a Víctor "Orbayu" el viernes en Mieres, será un placer escucharle. Un abrazo

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    1. Gracias Victor. La toponimia tengo que agradecérsela a Orbayu, como no, que es el qeu hace el trabajo pre y post ruta. Peor de eso ya sabes tú bastante que bien que os lo currais vosotros con vuestras propias rutas. Y ya verás como Orbayu no defrauda en la charla del viernes. Espero poder ir yo también.
      Un saludo

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  4. Otro lujazo de entrada Javier...qué imágenes...y es que Somiedo engancha, atrapa, enamora...que tierra , nosotros acabamos de estar allí y ya estoy deseando volver.
    Como siempre mis felicitaciones por acercarnos de esta manera tan refrescante y a golpe de pedazo de imágenes, esta tierra tan extraordinaria y estas caleyas por las que te pierdes.
    Mi abrazotedecisivo

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    1. Gracias Sara. La verdad es que en Somiedo muchas veces nos quedamos con lo obvio. Las cumbres más conocidas y los PR más frecuentados, pero a poco que busques, y sin necesidad de meterse en terreno restringido, aparecen mil rincones más, que merecen la pena conocerse, visitarse y recorrerse. Vais a tener que vovler.
      Un saludo

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  5. Introducirme en blogs como el tuyo o similares, me hace comprender al instante lo mucho que me queda por aprender. Me siento ridículo cuando comparo tus descripciones y las de otros compañeros, con las que yo aporto en mi página de Picasa y que luego traslado al minimalista blog que titulo: Andanzas de Viti "Pisapraos".
    He decir en mi favor, que también recibo felicitaciones de bastantes compañeros; pero al momento, yo mismo me río interiormente y pienso: ¡Éstos no saben lo que es una buena descripción de una ruta de montaña! Si tuviesen la curiosidad de introducirse en blogs como el tuyo, a buen seguro, que dichas felicitaciones, se verían mermadas en una cantidad considerable.
    Quiero una vez más agradecerte, el enorme trabajo que realizas al preparar estos documentos para nuestro disfrute. Se a ciencia cierta, el gran esfuerzo que ello supone y por eso insisto siempre con el agradecimiento.
    La ruta, las imágenes, la compañía, y los relatos que han aparecido en este trabajo, son de los que a un neófito, le enganchan nada más verlos; planteándose a buen seguro poder emular alguna vez estas bellas andanzas.
    Tu labor y la de otros compañeros y amigos comunes, son de lo mejor que se puede encontrar en rutas de montaña (no quiero nombrarlos, pues seguro que olvidaría ha alguno de ellos y no me lo perdonaría).
    Mis felicitaciones compañeru. Tu seguidor: el " Pisapraos ".

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    1. Gracias Viti, pero no creo ser merecedor de tantos elogios. Cada uno hace lo que puede y para la pluma se yo de unos cuantos que me dan mil vueltas y transmiten bastante mejor que yo. El caso es intentar dar a conocer la ruta y recrear lo mejor que podamos las sensaciones de la jornada, que a veces ofrecen más información que una mera descripción de "aqui a la derecha y allí a la izquierda". Esta es una de esas rutas. Quizás no sea una sierra espectacular con unas cumbres míticas, pero a mi esos hayedos viejos de árboles retorcidos y esas sendas perdidas que casi hay que adivinar, son de lo que más me gusta en montaña. Y eso es lo que intento transmitir.
      Un abrazo

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  6. Como comentas en tú introducción a pesar del mal tiempo y la niebla, solo las imágenes conseguidas en el bosque, ya valen por si solas el esfuerzo de la ruta. Preciosas fotos y estupenda entrada!
    Un abrazo!

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    1. A falta de grandes vistas, esos hayedos y esas nieblas, dan juego bastante para la fotografía. Y ya sobre la ruta, para mi fue una gozada ir poco a poco descubriendo por donde iban esas viejas sendas. Para eso, contar con un guía como Victor Orbayu, es todo un lujo.
      Un saludo

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  7. Como siempre Javier un lujo de reportaje. Esas nieblas le dan un punto de misterio e intriga a la excursión. La próxima vez que volváis (espero poder acompañaros) la experiencia será doblemente gratificante y no tendréis la sensación de repetir zona.
    Un saludo.

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    1. La próxima vez espero poder disfrutar de las vistas y de alguna cumbre por la zona. Tengo en mente el Rubio y el Vildeo aprovechando alguna de las sendas que me ha ido enseñando Victor. Ya avisaré por si te vienes.
      Un saludo

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  8. La ruta una preciosidad, pero me dan temblores solo de verla, entre la niebla, la humedad y el barro, menudo esfuerzo físico, madre mía; ese terreno, sin caminos o con trazas de ellos, sin referencias, para mí, es lo más difícil de andar, reconozco que me falta paciencia.

    Felicidades por la ruta.

    Saludos!!!

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    1. je, je, en realidad, pese a la humedad de la propia niebla, el día no resultó lluvioso y apenas había barro. Y lo de moverse en ausencia de sendas claras que hay que ir buscándolas, a mi, al revés, me espoléa y es un tipo de rutas que me encanta. De todas formas, un poco de cielo limpio en los momentos que nos movimos por la zona alta de la sierra, para disfrutar de las vistas, no hubiera estado de más, no.
      Un saludo

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