viernes, 24 de abril de 2020

La Sierra de Sobia por el Calechón de la Llampaza

Fue 2019 un año en el que le dimos duro a la Sierra de Sobia. Aquel año conocimos las Sendas de la Peña y de Valmayor, en Villa de Su y la impresionante Canal de Calmerín, en pleno Desfiladero de Valdecerezales. Pero no acabaron ahí las sorpresas. Una de esas tardes de primavera decidimos ir a conocer otro acceso a la sierra, el Calechón de la Ḷḷampaza, senda que nos había adelantado Victor del blog Pindio Pindio. La tarde fue estropeándose poco a poco, lo que obligó a un improvisado cambio de planes, aunque no para peor, ya que aprovechamos para conocer lugares como la alucinante Cueva los Furaos, el insondable Pozu Pispirón o el no menos inquietante mundo de Las Fuércigas.


DATOS DE LA RUTA
  • Fecha: 21/05/2019
  • Zona: Sierra de Sobia
  • Concejos: Teverga (Asturias)
  • Inicio/Fin: Sobrevilla
  • Distancia: 12,5 Km
  • Desnivel máximo: 860 m
  • Desnivel acumulado positivo: 1.150 m
  • Tiempos: 5 y 1/2 horas
  • Dificultad: Difícil. La senda que ascendía por el Calechón de la Ḷḷampaza ya hace mucho que está perdida y cuesta seguirla. Igualmente el paso de la Cueva los Furaos a Las Fuércigas se hace en ausencia de sendas por terreno muy tomado de maleza. En general desaconsejo intentar repetir la ruta en las épocas de mayor abundancia de maleza.


Para que os hagáis una idea, os dejo una foto de otro día, tomada desde la parte alta de Les Envueltes, en la pista que sube hasta la Laguna de Sobia, donde se ve la entrada al Calechón de la Ḷḷampaza (Punto 1), y las dos horcadas que visitaríamos más tarde, la de entrada al "furao" (Punto 3) que da acceso a una espectacular canal (Punto 2).


Pues salimos de Sobrevilla, con una tarde no especialmente mala, aunque por desgracia no tardaría en estropearse completamente.


Pasamos por entre las casas buscando acercarnos a la Capilla de Santa Apolonia, junto a la que hay buena fuente.


Desde allí salimos del pueblo, tomando por el camino que se dirige al Fitu, pasando bajo las paredes de la Sierra de Sobia.


A la izquierda vemos la Canal de Botorru, objeto de varias visitas ya. A la derecha de esta se localizan las Fuércigas. De momento no sabíamos que acabaríamos bajando por entre ellas.


Guapo el camino ya varias veces recorrido, aunque curiosamente siempre en descenso. Hasta esta jornada.


Alcanzamos la Fonte Requexu, encajada en la propia peña y donde merece la pena parar y echar un trago.


Después seguimos hasta el Fitu, el cruce de caminos donde la pista asciende a la izquierda hacia la Laguna de Sobia por Les Envueltes y a la derecha desciende hacia Carreá. Aquí debemos tomar otro camino que sigue de frente, cuando ya vemos el acceso al  Calechón de la Ḷḷampaza.


De hecho, si nos fijamos bien vemos las dos canales que hay que superar, con un tramo casi horizontal entre ellas.


El camino, más bien pista, sigue durante un largo tramo, dando servicio a las diferentes fincas.


Una vista atrás, con la pista que sube por Les Envueltes. La tarde efectivamente iba cambiando a peor.


El ancho camino acaba por dar paso a una senda que termina por dejarnos en medio de una vieja finca ya muy tomada de avellanos. Tenemos que buscarnos la vida, para ir ascendiendo hacia la entrada de la canal.


Aunque no se nos da mal. Subimos hasta dar con la peña y luego ya junto a ella damos con un rastro que permite seguir subiendo sin mayores problemas.



Entramos así en el Calechón de la Ḷḷampaza como tal. Está poblado de avellanos, pero nos lo encontramos bastante limpio y se deja subir sin grandes complicaciones.


En la parte más estrecha. Había algún avellano tirado, pero se pasaba bien.


Muy guapo este tramo y senda por momentos muy marcada y evidente.


La salida nos la encontramos un poco más poblada de avellano. Nos salimos de la canal a la derecha, dando vista al valle de Teverga. La tarde se había quedado fea y con muy mala luz para las fotos. La niebla bajaba y tapaba ya gran parte de las cimas.


El enlace entre las dos canales no es evidente. La senda ha desaparecido. Hay que perder un poco de altura para tomar la segunda canal desde abajo.


Peña Vigueras y el valle de Presories.


Entramos en la segunda canal. Es más corta, pero resulta preciosa.


Y además,...sorpresa, en algún tramo se conservan las viejas armaduras del camino, como en esta curva a derechas.


Dadas las fechas nos encontramos la zona totalmente poblada de jacinto estrellado, aunque ya había perdido la flor.


Esta segunda canal nos deja en mitad de una pétrea ladera en la que perdemos la senda. Quizás en otros tiempos siguiera mayormente en llano hacia la especie de vaguada que se aprecia al fondo. Sin embargo a nosotros no nos interesaba seguir en esa dirección, así que ascendimos casi en la vertical, aprovechando veredas de animales.


Poco a poco nos elevamos sobre el valle. La niebla seguía bajando.


Hacia la parte baja del valle de Teverga. Lo dicho, una ruina de fotos.


El primer tramo de la ladera resulta muy incómodo por lo quebrado del terreno, pero a medida que ganamos altura, va a ir mejorando.


Hasta que por fin damos vista a la Veiga Sobrecueva. La idea que traíamos era la de un recorrido por la zona alta de la sierra para acabar bajando por el Botorru, pero visto que se estaba metiendo la niebla, empezamos a barajar otras opciones.


De momento recorrimos la Veiga Sobrecueva por su borde izquierdo, aproximándonos a una llamativa horcada a la que no nos resistimos en acercarnos.


Y allí tuvimos otra sorpresa. Un llamativo furao, un ojal en la peña, con un más que evidente sendero de acceso. Ni que decir tiene que allí nos fuimos.


El furao cala la aguja caliza en unos 10 m de longitud de parte a parte, con un pequeño habitáculo en medio con muestras de haber tenido uso ganadero.


La salida por el lado contrario es espectacular, pues da acceso a la salida de una estrecha y pendientísima canal, desde la que vemos la pista de Les Envueltes.


Otra vista de la canal. No la vimos factible, aunque,... quien sabe.


Regresamos por el furao a la horcada anterior.


En nuestro camino hacia la laguna de la Sobia, pasamos por la Veiga Pandieḷḷu, muy metida en niebla.



Y damos vista a la laguna. La tarde estaba muy fea. Definitivamente optaríamos por un Plan B. De momento tocaba bajar por Les Envueltes.


La laguna de Sobia. Un sitio siempre guapo, aunque no tanto en esta jornada con semejante luz. O mejor dicho, con la ausencia de ella.


Junto a la laguna tomamos contacto con la pista por la que vamos a bajar hacia El Fitu. De hecho llegaremos incluso a tomar por el camino de Sobrevilla, pero lo seguiremos solo unos metros.


Al poco de tomar por dicho camino lo dejaremos para seguir una senda que sube a la derecha. Se dirige a lo que queda de una vieja finca, ya muy tomada de maleza. Tendremos que salir del prado  hacia la izquierda, para subir por una zona de roquedo, más limpia. Es el Ḷḷombu´l Castieḷḷu.


Alcanzado el alto del Ḷḷombu miramos a ver donde podía caer la cueva los Furaos, y al pie de la pared de la Sobia vimos una zona con unas oquedades anaranjadas que tenían buena pinta, así que nos acercamos a verlas.


Y bingo. Damos a la primera con la Cueva los Furaos, a la que accedemos por uno de sus múltiples "furaos".



La cueva no puede ser más original. No es muy grande y no cuenta con más galerías, pero la cantidad de "furaos", de agujeros que presenta, lo hace de lo más llamativa.



Salimos por otro de ellos.


El siguiente tramo es el peor de la jornada con diferencia. La idea es avanzar paralelos a las paredes de la Sierra de Sobia, lo más pegados a ella que podamos, pero un tupido bosque de avellano lo complica mucho. De hecho, aquí hubo que incluso quitarse las mochilas y casi salir a rastras. No era la mejor época para estos berenjenales.


Pero con paciencia dejamos atrás la peor zona, alcanzando un nuevo tramo despejado. Por encima nuestro debería estar el Pozu Pispirón, aunque tampoco conocíamos exactamente su ubicación. De todas formas, una especie de grieta en la vertical pared nos dió buena espina, así que ascendimos hacia ella.


No nos equivocábamos. De hecho el sonido de los grajos que anidan en su interior nos anticipó su localización, tal era el eco con que resonaban.


El Pozu Pispirón es una sima de unos 45 m de profundidad. Me imagino que dado su aislamiento debe ser poco visitado por espeleólogos. Llegar hasta aquí cuesta un triunfo vengas por donde vengas.


Desde el pozo toca volver a cruzar una nueva mata de avellanos. Por suerte esta vez no resulta tan tupida. Por entre ella se abren pequeños pedreros, de manera que vamos pasando de uno a otro, manteniéndonos en todo momento lo más cerca de las verticales paredes.


De hecho comentábamos la impresionante altura y la verticalidad de aquellas tapias y el hecho de que si teníamos la mala suerte de que se soltara una piedra, no la libraríamos, pues está cortada a cuchillo. Al fondo ya veíamos el siguiente punto de paso, Las Fuércigas.


Poco más adelante cruzaremos un prado con una cabaña. Nosotros de todas formas continuamos pegados a las paredes. La verdad es que fue una gozada pasearse literalmente al pie de la Sierra de Sobia.


Entramos así de lleno en Las Fuércigas. ¿Y que son? Pues un inmenso caos de bloques calizos e insondables grietas, por donde hay que navegar para poder atravesarlo. Algunos bloques son del tamaño de casas. A mi me recordó al Canchorral de Hormas en Picos de Europa.


La roca "comehombres". Hubo que dejarse enhebrar para seguir.


Una vista atrás hacia el prado que comentaba y la zona de bloques que acabamos de atravesar.


De todas formas aún no hemos salido de Las Fuércigas y de hecho, lejos de mejorar, el terreno empeora. Ahora no se trata de grandes bloques sino de incontables grietas y simas. Algunas grandes en las que cabe un coche y de una profundidad de hasta 15 m. Otras estrechas y cubiertas de maleza. Todo ello hace de aquel terreno una verdadera trampa, en la que no sabes muy bien donde pisar. Celso Peyroux describe Las Fuércigas como "una profunda brecha que tiene la tierra, donde moran el pavor y el misterio. Nunca, desde que el hombre es hombre, pasó ningún cristiano por aquel lugar, donde dicen que Caín dio muerte con la quijada del gran oso a su hermano Abel. La hizo Dios enfurecido con un hacha de piedra al contemplar el crimen fraterno". La descripción le viene al pelo.


Ni una foto tengo que de una idea de como es aquel lugar. La tarde languidecía y cruzar Las Fuércigas hacia la salida de la Canal de Botorru, que era la idea, iba a llevarnos más tiempo del que contábamos, así que decidimos dejarnos caer ladera abajo, diciendo adiós a tan inhóspito paraje.


Mientras bajábamos las grietas aún nos acompañarían un buen trecho. Ya en casa me fijaría que esto se alza directamente sobre el pueblo de Sobrevilla, el cual, aún en términos geológicos, parece sentenciado.


Nos costó un tanto dar con una senda que nos sacara de la zona, pero acabamos bajando con tendencia a la izquierda para acabar junto a una fuente. Por debajo de ella discurría el camino de Sobrevilla.


Una vez alcanzado el camino solo nos quedaba desandar un corto trecho para regresar a Sobrevilla y al coche. No fue la ruta proyectada y sin embargo, la Sierra de Sobia, una vez más, logró sorprendernos. Os dejo el track


Un saludo
Cienfuegos

4 comentarios:

  1. Mui guapa... a ver si me paso a conocer aquello un pelín en dalguna escapadina de descansu escalador... déxote un pocu d'info de los espeleos del Pozu Pispirón
    http://www.espeleoastur.as/toponimia/Pispiron.htm

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    1. Ye una ruta brava, pero prestosa. Va gustate. Y gracies pol enllace, Berto. Ye flipante la de cueves y pozos que hay nesa fastera. Y la de cueves que habrá, viendo que yo, que conozco lo que conozco, ya se que se yo de cuantes, por ahí.
      Un abrazu

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  2. Hola.

    Una zona totalmente desconocida para mí, pero con mucho encanto. Me ha encantado el recorrido, con esos verdes prados, los bosques de avellanos, el precioso furao con el sendero de acceso, en el que se demuestra que antes se aprovechaba cualquier lugar para guarecer el ganado, que vida más dura!

    La bajada en busca de las cuevas del Furau y el Pozu Pispirón, son de las que a mí me gustan, intrincadas en las que hay que ir paso a paso buscando la zona buena, en el que hay momento también que se hace largo y uno desespera.

    Las fotos a pesar de la poca luz, están bastante bien, dejando muy claro el precioso entorno por el que os movisteis.

    Un saludo

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    1. Buenas Eduardo. Me alegra que te guste. Como bien dices, la bajada a la cueva los Furaos y el pozo Pispirón, no son para recomendar a todo el mundo, pero si te gusta ese terreno, te aseguro que lo disfrutaras. La cueva y el pozo son dos magníficos trofeos que recompensan el esfuerzo. Y el furao de arriba una pasada, muy, muy guapo.
      Las fotos, na, regular. La tarde estaba muy fea.
      Un saludo

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