lunes, 23 de marzo de 2020

Joyudongu desde Nueva con Cueva Negra y Cueva Lledales

Una última invernada había dejado algo de nieve a cota relativamente baja. Poca. Poca y mala. Por eso buscamos algo donde precisamente no hubiera nieve, algo por una sierra costera. Fue así como recordé una ruta por el río de Nueva que podíamos mejorar con la cumbre del Joyudongu. Una aproximación diferente a la Sierra de Escapa, la del Mofrechu, cerrando una circular por un valle, el de Nueva, que nos sorprendió por el espectacular bosque de ribera que conserva en su zona baja y que ya de regreso nos habría de permitir una visita a las impresionantes cuevas de Cueva Negra y Cueva Lledales.


DATOS DE LA RUTA
  • Fecha: 07/03/2020
  • Zona: Sierras de Escapa y de Cueva Negra
  • Municipio: Llanes y Ribadesella (Asturias)
  • Inicio/Fin: Nueva de Llanes
  • Distancia: 24 Km
  • Desnivel máximo: 845 m
  • Desnivel acumulado positivo: 1.265 m
  • Tiempos: 8 y 1/2 horas
  • Dificultad: Moderada. Si bien la ruta no presenta dificultades reseñables, el ascenso por el valle del río de Nueva obliga a varios vadeos que pueden complicarse en función del nivel del río, como fue nuestro caso. Algún tramo puede resultar engorroso en las épocas de mayor vegetación. Por supuesto, el acceso a las cuevas debe hacerse con cuidado y responsabilidad, para nosotros mismos y para las propias cuevas.


Nada más salir de Nueva de Llanes por la carretera que se dirige a Riensena y Corao (AS-340), a la altura del Molino la Vallina, entra a la derecha una ancha pista en la que suele haber madera acopiada. Allí aprovechamos para dejar el coche y empezar a andar por la buena pista que va a ir subiendo siempre próxima al río de Nueva.


Lo que yo recordaba del valle de Nueva era una sucesión de plantaciones de pinos y eucaliptos, con las laderas cosidas a pistas madereras y restos de innumerables quemas. Un paisaje poco atrayente, la verdad. Sin embargo, el fondo del valle no tiene nada que ver con eso. En él se conserva un precioso bosque de ribera en el que el suelo aparece completamente alfombrado de musgo, por el que asciende una cómoda pista que sirve para un precioso paseo.


En un cruce en el que hay una especie de ¿memorial? a un cazador, tomamos la pista de la izquierda. Acabaremos regresando por la de la derecha.


Restos de viejas murias muestran que en otros tiempos este valle fue objeto de una gran explotación ganadera. Sin embargo, aquellas fincas, hoy ya se las ha comido el monte.


Personalmente subo alucinado por la belleza del bosque, la capa de musgo que todo lo recubre, la sensación de humedad,...los verdes eléctricos, casi diría que irreales. Os aseguro que no he tocado la saturación de las fotos.


Lo malo del ascenso por el fondo del valle es que hay que hacer un total de cinco vadeos, en nuestro caso, ninguno sencillo. Algo a tener muy en cuenta. Los días anteriores había llovido mucho y el río bajaba alto. En algún caso pusimos piedras, en otros tiramos unos troncos. En cualquier caso, quien más, quien menos, acabó por lavarse los pinreles.


Seguimos subiendo. De vez en cuando se cruza lo que queda de viejos prados.


Y de repente, en mitad de la nada, en la zona denominada como El Valle, alcanzamos lo que queda de una impresionante quintana. Casa y cuadras, rodeadas por un alto muro, con pórtico de entrada y todo. Debió ser una propiedad envidiable. Hoy ya es una mera ruina comida por la maleza.


Y frente a la casa, un precioso y bien conservado puente de piedra. El único existente en todo el valle. Curiosamente nuestra ruta no pasa por él, pero da a entender que en otros tiempos la comunicación de la casa se hacía por aquí, subiendo hacia el próximo valle de Llamigu que le queda al sur, y no por la pista que hoy recorre el fondo del valle.


Cuando alcanzamos el tercer vadeo lo evitamos. Si el río llevara poca agua es mejor seguir por la pista. En nuestro caso, tomamos un estrecho sendero que sigue subiendo por la margen izquierda hasta dar vista a la vaguada por donde baja el arroyo Sorrolles. En ese momento ascendimos a plomo hasta salir a una buena pista que corta la ladera. Ya os adelanto que este tramo, una vez salga la maleza, podría complicarse mucho, de ahí que recomiende forzar el vadeo del río y seguir por el fondo del valle. La cumbre que se ve al fondo ya era la del Joyudongu. Pero, anda, que no faltaba todavía para llegar a ella.


Poco después alcanzamos un cruce donde salimos a la pista que asciende por el fondo del valle, evitando así un cuarto vadeo. Allí vemos una señal, la primera de todo el día, que indica la ruta. Una señal artesanal, que parece puesta por algún vecino de la zona, pero que ofrece muchísima información.


Seguimos subiendo valle arriba y disfrutando del entorno y del río.




Por fin alcanzamos unos viejos casetones que parecen de antiguas minas, en una zona denominada precisamente El Barracón. Junto a ellos tenemos el quinto y último vadeo. Aunque parecía el más sencillo, fue el que nos acabó de dar la puntilla. Aquí el que aún venía seco, acabó por mojarse.


Desde este punto la pista asciende con fuerza por la ladera sur del valle, con tramos incluso hormigonados y es que este sería el acceso a las minas. Poco a poco nos elevamos y empezamos a ver al norte la caliza Sierra de Cueva Negra y por delante de ella un cordal de menor altura que será el que recorreremos a la vuelta.


Acabamos por alcanzar la cumbrera del cordal que separa los valles del río de Nueva y de Llamigu, al sur, y sobre él, el colláu del Tornu por donde cruza la carretera hacia Riensena.


Desde este punto seguimos una vieja pista que asciende hacia unas torres de alta tensión.


Una vista atrás al valle de Llamigu con el Benzúa a su derecha y la carretera que gana el colláu del Tornu.


Por fin abandonamos la pista y seguimos por una senda que bordea una primera cota, la del Cabezu, por su izquierda, con el Joyudongo ya bastante más cerca.


Superando un par de colladas alcanzamos una zona con fincas y varias cabañas que parecen pertenecer a la majada de La Salgar. La senda sigue ascendiendo a la derecha de ellas.


Una nueva vista atrás, al Benzúa, en el centro de la foto.


Seguimos subiendo, buscando la collada que se abre al norte del Joyudondu, desde la que queremos encarar su ascenso, mientras vemos al norte la Sierra de Cueva Negra, con la cumbre del Altu Teyadera.


Al alcanzar la ladera del Joyudondu damos vista al valle de Santianes y a la vertiente que desciende hacia el río Sella, con la rasa costera de Ribadesella a la derecha y la Sierra del Sueve al fondo a la izquierda.


Acometemos los últimos metros a cumbre, cruzando un pequeño bosque de pinos, con las cumbres del Altu Teyadera (dcha) y el Jorovitaya (izda) al fondo. Ya se veía Ribadesella.


La Sierra de Cueva Negra corre al este, hacia la cumbre del Sorrolles. Toda esta sierra la recorrí hace unos años como os conté AQUI. Por delante de la sierra vemos el pequeño cordal que recorreremos. Entre ambas sierras quedan encerradas una serie de vegas, ocultas desde esta vista.


Y cumbre del Joyudondu o Joyadongu (874 m), como a veces aparece, con el Mofrechu enfrente.


Vistas sobre la vega del Sella y Ribadesella


Ribadesella


Sierra de Cueva Negra

A la izquierda Cabeza Juralisa, en la Sierra de Ibéu.


Mala vista hacia el interior de Asturias, muy metida en nubes. A la izquierda se intuye el Tiatordos. En el centro de la foto la Mota Cetín y a la derecha el Vízcares.


La Sierra de Peña Mayor, muy difuminada, y con algo de nieve reciente en el Triguero.


La rasa costera de Llanes, la zona de Villahormes, y la playa de San Antolín.


la vega del Sella


Hacia Picos de Europa estaba muy metido en nubes y no se veía gran cosa.



El Pierzu por delante del Tiatordos


En el centro, el valle de Llamigu y a su derecha el Benzúa.


Picamos algo en cumbre. De momento llevábamos buen ritmo y con la mitad aproximadamente de la ruta cubierta, esperábamos a comer más adelante. Así que poco después bajamos nuevamente al norte, dejando a nuestra izquierda el Mofrechu y tras él del Cantu Arrioundu.


Nos despedimos del Joyudongu


Y una última vista a la rasa costera de Ribadesella que se eleva sobre la boca superior de la cueva del Tinganón, en el centro de la foto, una espléndida e impresionante cueva que tuve la suerte de recorrer íntegramente hace una temporada.


Bajamos al colláu la Tabla y sin llegar al siguiente collado, más bajo y por donde pasa la pista proveniente de Santianes, enlazamos en la Cuesta los Argayos con el largo cordal que vamos a recorrer y que discurre paralelo a la más elevada y caliza Sierra de Cueva Negra. Ahora si, ya vemos las vegas que quedan encerradas entre ellas. Se trata de varias vegas empozadas, sin salida, donde las aguas se sumen y que a lo largo del tiempo han horadado la caliza formando una amplia red de cavernas, como la del Tinganón que antes comentaba. Ya en la primera vega, se observa una primera oquedad, al pie de la caliza.


Bajamos a ella. Cuenta con una boca impresionante en la que se interna un pequeño arroyo. Se trata de Cueva Negra o Conegra, la que da nombre a toda la sierra.


La entrada a la boca es sencillamente impresionante.



La galería superior es corta y termina en un corte sobre la galería inferior, la activa, por la que corre el arroyo.


Bajamos a la inferior. El río se sume al poco, pero sigue aún un tramo más, una galería visitable.



A la salida de Cueva Negra o Conegra, paramos a comer al sol y buscando donde poder sentarnos. La verdad es que todo este cordal es una inmensa llamarga, una zona empapada de agua y no parece que sea solo por las lluvias de los días anteriores. Tras la comida seguimos ruta y traspasando el colláu Fontanines damos vista a la siguiente vega, la de Pandas.


En ella observamos una nueva cueva de buen tamaño con otro arroyo que se interna en la misma. No nos resistimos y bajamos a visitarla.


Pese a que los mapas la sitúan más al este, entendemos que se trata de la Cueva de Lledales. La entrada no tiene nada que ver con la de Cueva Negra y más parece un abrigo que una cueva. Sin embargo, cuando ya casi nos íbamos, descubrimos una estrecha galería que se interna en la peña.


Y lo que vemos es una maravilla. El río ha excavado una galería meandriforme de unos 4 m de altura y no más de 80 cm de anchura en la base que forma cortos y cerrados meandros. La seguimos durante puede que unos 80 m, cruzando alrededor de una docena de esas cerradas curvas hasta un punto donde la galería se estrecha aún más. Podría continuarse por ella, pero nos dimos la vuelta en ese punto. Por lo que se, la galería termina en un pozo que daría acceso a una sala de mayores dimensiones.



Las aguas de este complejo hidrogeológico terminan por reaparecen al norte de la Sierra de Cueva Negra, dando origen al río de Guadamía, junto al polígono industrial de igual nombre. Tras la visita a la segunda cueva seguimos ruta, volviendo a ganar lo alto del cordal que estamos recorriendo. Una vista atrás, con el Joyudongu a la izquierda.


Seguimos hacia el este, en un sinfín de subebajas, pasando de una cota a la siguiente.


Dejamos a la izquierda una nueva vega. Al pie de la pared caliza podría haber una tercera oquedad. En realidad, aquí es donde el IGN marca la Cueva Lledales, aunque también podría tratarse de un error.


Ascendemos a la última cota, con la que dejamos atrás toda esta sucesión de vegas.


Por delante tenemos ahora la vaguada del arroyo Sorrolles, la misma que cruzamos por abajo de la que subíamos por el valle. Desde aquí se nos van a abrir dos opciones. Una, ganar la collada que se aprecia al frente, para seguir recorriendo la zona alta; la otra, tomar por una de las pistas que cortan la ladera.


De momento buscamos el fondo de la vaguada y de nuevo el cambio de vegetación nos sorpende. Entramos de lleno en un bosque muy húmedo. La senda desaparece por tramos, aunque la reencontramos ya bastante abajo.



Al pie de una impresionante faya la senda corta la vaguada a la margen izquierda.



Una pista muere justo contra la vaguada. Allí decidimos, y lo que vamos a hacer es tomar la vieja pista que corta en llano la ladera sur del Altu del Mediodía. Ya en casa vería que igual hubiera sido mejor seguir por arriba, ya que resulta más corto, aunque a cambio hay que ganar algo más de altura.


La primera pista acabará por sacarnos a otra de mayor entidad y que se ve más en uso. Esta acabará por hacerse pesada. Es un tramo largo y atraviesa una zona con poco interés. Viejas plantaciones de pinos y "ocalitos" y restos de viejas quemas. Lo que yo equivocadamente, siempre pensé que era todo el valle.


Por fin la pista desciende y con un par de últimas revueltas nos deposita en la del fondo del valle, en el cruce del ¿memorial?, la misma pista por la que habíamos ascendido por la mañana.


Finalizábamos así una larga jornada. No sabíamos entonces que sería la última en mucho tiempo. Ignorantes de nuestro futuro, la remataríamos con un par de cervezas en Nueva. De haber sabido lo que se nos venía encima, seguramente hubieran sido otro par más. Os dejo el track.


Un saludo
Cienfuegos

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