23 octubre 2026

Ruta de la Cervatina y Pico Mahón

Era la ruta de la Cervatina una de esas eternas pendientes por León que siempre se me iban quedando de un año para otro. Seguramente me precipité y realicé la ruta un par de semanas antes de lo que hubiera sido perfecto para disfrutar de los colores del bosque en pleno otoño, pero tampoco me importó. La ruta me pareció una preciosidad y me atrevo a decir que incluso la mejoré con la, más que interesante, alternativa del Sendero el Cantarín y ya sobre la marcha con el ascenso al Pico Mahón, una cumbre que puede parecer un poco insulsa, pero que ofrece unas vistas del entorno del Embalse del Porma difícilmente mejorables.


DATOS DE LA RUTA
  • Fecha: 09/10/2026
  • Zona: Cuenca del Porma
  • Concejo: Puebla de Lillo (León)
  • Inicio/Fin: Puebla de Lillo
  • Distancia: 18 Km
  • Desnivel máximo: 670 m
  • Desnivel acumulado positivo: 840 m
  • Tiempos: 7 horas
  • Dificultad: Fácil. Más allá de la distancia o desnivel, se trata de una ruta sencilla, que si le quitamos el ascenso al Pico Mahón puede incluso resultar perfecta para ir con niños, al ser muy cómoda en todo momento y estar perfectamente balizada y señalizada.
  • Track: senda_de_la_cervatina_y_pico_mahon


Aparcaba en Puebla de Lillo con una mañana de sol, pero una temperatura de tan solo 3º. A la tarde acabaría haciendo calor, pero a la mañana le iba a costar calentar.


La ruta oficial de la Senda de la Cervatina, el PR.LE-28, sale de Puebla de Lillo al norte, para bordear por esa cara el Pico del Aguila, transitando así de forma paralela a la carretera, si bien por la margen derecha del río Silván. La ruta de la Cervatina como tal es todo pista, así que se me apetecía variar un poco y en vez de salir al norte, salí al oeste, para cruzar la cara sur de la Peña del Aguila, tomando por un ancho camino que sube por entre las fincas de Las Canteras.


A la espalda, al otro lado del valle del Porma, se elevan los Mampodres, que serían protagonistas durante buena parte del día.


También asoma el Susarón, a la izquierda de mi marcha. A la tarde pasaría justo bajo él.


El camino acaba por ganar una collada y sigue como un estrecho, pero marcado, sendero balizado como Sendero el Cantarín. Va a ser toda una sorpresa al revelarse como de lo más guapo del día. Cruza primero un pequeño rebollal, precisamente en lo que se denomina Los Rebollales.


y sale luego a una zona despejada, discurriendo de forma muy airosa sobre el fondo del valle Celorno. El sendero es una gozada.


Estrecho paso en el Sendero el Cantarín

Al frente la redondeada silueta del Cuerna que sigue al Agujas

La senda alcanza un cruce donde elijo el ramal que asciende a la derecha, subiendo hacia la laguna del Agüezo que, por desgracia, me encuentro seca. El que veo ahora al frente, es el Requexines, sobre el lago Ausente.


Vuelvo la vista atrás y de nuevo observo el Susarón.


Bajo por unas fincas cortando ligeramente a la izquierda, a salir a la pista que veo en el fondo del valle, en la que volveré a tomar contacto con el PR.LE-28 de la Ruta de la Cervatina, como tal.


Ya en la pista sigo por ella, pasando junto a un área recreativa.


Solo unos metros más allá la dejo para tomar un camino a la derecha que me llevará hasta la pequeña ermita de Pegarvas o Pegarúas, que de las dos maneras lo tengo visto. Un sitio curioso para construir una ermita.


Tras la visitar vuelvo a la pista y continúo por ella. Al frente veo una cumbre que aún no identificaba, pero que resulta ser la del Pico Mahón, que acabaría ascendiendo poco después.


Me había adelantado en la visita. Al bosque aún le faltaba mucho para ofrecer los típicos colores otoñales. Seguramente solo un par de semanas más tarde estaría espectacular.



Continúo pista adelante, que va a ir ganando metros hacia una especie de hombro donde llego a un cruce.


En el cruce a la derecha nos acercaremos al tejedal de La Cervatina. A la izquierda seguiríamos con la circular de vuelta a Puebla de Lillo. Yo, para entonces, ya no apartaba los ojos del Pico Mahón (a la izquierda de la foto). 


Así que tomo a la derecha, pero me salto el tejedal que visitaré más tarde, para seguir por la pista que se dirige al collado Ferreras. 


El Pico Mahón se eleva sobre el collado Ferreras

Alcanzo el collado Ferrera desde el que veo el valle en el que se esconde el tejedal con la caliza Peña del Arbeyal al otro lado del mismo.


Pero lo realmente interesante está al otro lado del collado. Y es que ya se ve el embalse del Porma. Desde aquí la pista por la que he subido inicia el descenso hacia el pueblo de Rucayo.


No me entretengo demasiado. Desde el collado veo lo que me queda de ascenso a Mahón, algo menos de 350m. Eso si, tirados con una plomada. Vamos, que todo tieso hasta arriba. Pues nada, sin prisa, que tengo todo el día.


Más rápido o más despacio, alcanzo la cima del Mahón, o de momento la cima oriental (1.831m). Allí suelto la mochila y me siento a disfrutar de las vistas, de la temperatura, que una vez fuera del bosque por fin ha subido unos grados, y aprovecho a beber y picar algo e intercambiar unos mensajes.


Primero observo todo el valle por el que he subido, con la zona que va del puerto de San Isidro al de Tarna, al fondo.


Pero la mejor vista seguramente es al lado contrario, hacia el embalse del Porma y toda la línea de cumbres que lo circundan.


Rucayo, bajo el Pico Mahón

Hacia el este lo que se aprecian son los Picos de Europa, con los Mampodres a la derecha. 


Peña Santa con Peña Ten por delante

Peñas Pintas (dcha), Llerenes (centro) y Espigüete (fondo)

Peña Armada a orillas del embalse y el Pico Cerroso al fondo

Peña Forcada con la Forqueta de Arintero

La cumbre del Pico Mahón es amplia, bastante plana y con dos cimas, pero no es hasta bastante después, cuando ya llevaba un buen rato en cumbre, cuando me doy cuenta de que el buzón está en la otra cima, la oeste. No deja de sorprenderme ya que según el IGN esta cima es unos 2m más baja y según el 5000 de Castilla-León incluso 6m más baja (1.825m). En todo caso, me desplazo hasta ella.


Desde ésta las vistas se abren al oeste, destacando el Pico Bodón, con el Cueto Cabañas detrás, sobre el valle del río Curueño.


Cueto Ancino (izda) y Peña Valdorria (dcha)

Me tomé la cima con calma. El día se había quedado con una temperatura estupenda y sabía que lo que me quedaba de ruta era cómodo. Con todo, había que ir pensando en bajar y lo hice cortando un tramo de bosque para salir a la pista ya cerca del tejedal. En esta parte el hayedo se mostraba ya un poco más adelantado y empezaba a ganar algo de color.


Guapo el hayedo, muy limpio y cómodo de cruzar, en el que espanté a un par de corzos y donde me entretuve sacando fotos a varias setas, que no en vano estábamos en tiempo de ellas. 



El tejedal estaba al lado. La tejeda está vallada y se accede por una puerta metálica. En un primer momento me sorprende, aunque luego lo entendería. Bajo con tendencia a la izquierda y enseguida doy con varios ejemplares de tejo de buen porte.


Espectacular ejemplar de tejo


Tras dar una vuelta por el tejedal me doy cuenta de que el suelo está literalmente alfombrado de brotes de tejos y de tejos jóvenes de no más de 1m de altura. Es algo que no había visto nunca y esa es la explicación del vallado. El tejo es un árbol venenoso, pero los brotes jóvenes, no. Los cérvidos ramonean esos brotes. Por ejemplo, en el tejedal de la Sierra del Sueve, en Asturias, la sobrepoblación de gamos limita la aparición de nuevos tejos. El vallado impide ese ramoneo permitiendo la aparición de cientos de nuevos tejos.

Tras la visita me reincorporo a la pista, bajo al cruce anterior y tomo ahora por el ramal que habrá de llevarme de vuelta a Puebla de Lillo.


Punto de descanso en el Paseo del Oso


Dejo atrás la collada del Paseo del Oso, donde hay una mesa y cruzo el arroyo Ruidosos antes de seguir a la siguiente collada, al pie de la Peña de la Solana.


Casi en plena collada hay un banco. Miro el reloj y veo que es buena hora para comer. Además, la ubicación del banco no es casual. Voy a disfrutar de un comedor con unas vistas preciosas, con el Cuerna a la izquierda y el Requejines a la derecha.


Esta también debía de tener hambre

Mientras como pasa un montañero con un par de perros. Es el único que veré en todo el día. Ventajas de estar de vacaciones fuera de temporada y poder venir a estos sitios un día de entresemana.


La pista pierde metros hacia el fondo del valle de Patina por el que haré el resto del regreso.


El valle sale al este, dando vista a los Mampodres justo enfrente, al otro lado del Porma.


Voy a ir pasando bajo la cumbre del Susarón. Por aquí bajé cuando lo ascendí por su arista este, en otra de esas ruta que tendría que repetir.


El valle reventaba con los rojos de los escaramujos que adornaban las numerosísimas espineras que hay en toda esta zona.


Poco a poco y sin prisa voy bajando todo el valle, disfrutando de las vistas y del calor que aquellas horas ya hacía.



Por fin llego de nuevo a Puebla de Lillo. A la entrada me recibe un cartel, a la vez que me despido del Susarón.


Y ya en el pueblo, pues cambio de ropa y a tomarme la cerveza correspondiente allí mismo, en la plaza, que además estaba bastante animada. Os dejo el track.


Un saludo
Cienfuegos

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