
Las tardes empezaban a estirarse lo sufiente como para que Pancho y yo retomaramos algunas de nuestras escapadas exprés, como esta, por tierras morciniegas en la que ascenderíamos al Llosoriu cruzando por dos veces el cuchillar de Peña Manteca. A la ida por el collado Buguriza y a la vuelta por una preciosa senda de la que desconozco el nombre pero que por si sola puso en valor toda la tarde. Por el medio, un viaje en el tiempo al pasado minero de Riosa y Morcín, visitando un patrimonio tristemente abandonado.