
Costó lo suyo. Parecía que no ya iba a llegar, pero por fin había descargado una buena nevada y las ganas de desempolvar las raquetas eran muchas. Tantas, que a la idea de una raquetada se apuntaron un buen número de amigos y aprovechando que Carlos iba a estar por Ponga, nos dejamos guiar por él para ascender a la cumbre de El Rasu desde la collada Llomena. El Rasu serviría de perfecto balcón para disfrutar de las vistas de nuestras montañas nevadas.