06 febrero 2021

Cabeza Vigueras por la Garganta del Rubó

La Garganta del Rubó amenazaba con convertirse en mito inalcanzable. Por una razón u otra siempre se quedaba para otro día, hasta esta jornada en la que finalmente una conjunción astral permitió que la amalgamáramos con la cumbre del Cabeza Vigueras, tras el paso por la Cueva l´Agua y el Juracu del Jorao. Ya en cumbre, un cambio de planes hizo que regresáramos por Collantes y la Senda Collantes, lo que alargó la ruta de tal forma que en el último tramo de descenso a Trescares tocó tirar de frontal llegando a los coches ya de noche cerrada. Mera anécdota en una ruta tan espectacular como la que acabábamos de cerrar.

DATOS DE LA RUTA
  • Fecha: 17/12/2020
  • Concejo: Peñamellera Alta (Asturias)
  • Inicio/Fin: Aparcamiento del Puente la Vidre. Carretera AS-114. PK 40+500 
  • Distancia: 19,5 Km
  • Desnivel máximo: 1.250 m
  • Desnivel acumulado positivo: 1.715 m
  • Tiempos: 9 y 1/2 horas
  • Dificultad: Difícil. La senda que cruza la Garganta del Rubó tiene algún punto en el que hay que poner atención, especialmente si estuviera mojado. Lo mismo ocurre con la Senda Collantes. La Canal Llastrosa presenta muchísima pendiente y entre ésta y las vegas de la zona alta de Sierra Nedrina se ha de cruzar un tramo donde la senda se ha perdido, presentando mucha maleza que solo puede empeorar en primavera o verano, siendo ésta además una zona de difícil orientación.


Cruzamos sobre el río Cares por el Puente la Vidre, con una fría mañana (2º) de nieblas agarradas al fondo del valle.

La senda gana altura rápidamente por un precioso tramo enconchado que, como comprobaríamos a la vuelta, puede resbalar mucho si está húmedo.

Poco más adelante alcanzamos un cruce en el que tomamos el ramal de la izquierda. Atraviesa un prado y se interna llaneando, en el húmedo bosque del Monte la Venera con sus árboles recubiertos con gruesos abrigos de musgo.


A la salida del bosque alcanzamos una solitaria cabaña en un cotero. Estamos en Sobremolino. La senda bordea bajo la cabaña para dejar atrás el valle del Cares y entrar en el valle del Rubó.


La senda presenta un espectacular trazado en esta parte, por encima del río y con algún tramo al borde mismo del barranco, incluso equipado con una cadena a modo de pasamanos.


Dejando atrás la fuente Recuencu, de donde toma sus aguas el pueblo de Trescares, cruzamos sobre el río Rubó por el Pontigu Rubó.


Ya en la margen derecha la senda asciende con fuerte pendiente un tramo. Sin ser complicado hay que poner cuidado, más si se hiciera en descenso con el terreno húmedo, pues se va muy por encima del río y es mal sitio para tener un resbalón. Un poco más arriba cruzamos el pedrero que baja de la canal de Piedra la Llastra cuando por fin estábamos saliendo de entre las nieblas.


Vemos el siguiente tramo. Aquí, la senda habitual que asciende por la Garganta del Rubó pasa bajo la oquedad de Cueva Negra para cruzar nuevamente a la margen izquierda y seguir valle arriba para acabar ganando, por la Canal de Sobrevina, las fincas y cabañas de Trespandiu (flecha amarrilla). No es ese, sin embargo, nuestro destino de hoy, por lo que antes de alcanzar Cueva Negra dejamos la senda para tomar ladera arriba. Una solitaria encina ejerce de faro de nuestro próximo punto de faro (flecha roja).


Tramo de fuerte pendiente y la senda apenas perceptible, aunque fijándonos bien, hay traza.


Las nieblas ya habían quedado bajo nosotros y en el Cuera ya daba el sol. El día prometía ser espléndido.


Dejamos atrás la encina y salimos a una ladera herbosa en la que se pierde todo rastro de traza. Deberemos cruzarla hacia dos nuevas encinas (círculo rojo) que se alzan junto a un pedrero que se forma en la base de la Canal la Llastrosa.


El valle del Rubó con el Cuetu Carraspión al fondo. En la ladera contraria a la nuestra se aprecia la Canal de Sobrevina que constituye la salida más habitual.


Dejando atrás un grupo de árboles entramos en un pedrero por el que deberemos empezar a ganar metros hacia la Canal Llastrosa.


Casi a su entrada haremos un inciso para visitar la Cueva l´Agua.


Cueva de cierto tamaño, con restos de corros para el ganado en su interior y en la que efectivamente, cae algo de agua que en otros tiempos, sin duda fue aprovechada.


Tras la visita de rigor volvemos a la Canal Llastrosa. La canal no tiene nada que envidiar a otras de Picos, dada su pendiente, por lo que no queda otra que agachar la cabeza y tomársela con calma, subiendo en todo momento por su izquierda (sentido de la marcha) donde hay algo de senda que ayuda a superarla.


Frente por frente y a nuestras espaldas, vemos la Canal de Sobrevina y las fincas de Trespandiu.


Desde el río hasta su collada superior son unos 400 m. Desde la Cueva l´Agua, unos 250 m


La Canal Llastrosa muere antes de culminar en la zona alta por lo que hay que salirse a otra paralela, a nuestra derecha. Es la Canal de las Vaquerizas, herbosa y de menor pendiente, y por la que acabaremos por ascender hasta casi el límite superior de la misma. Aunque no hará falta llegar hasta allí.


Vamos a intentar seguir la vieja senda que ascendía hacia las vegas de Braña Fuentes y Braña el Torneru. Tras buscarla a la altura de unas imponentes hayas en medio de la canal, damos con ella. Está muy perdida, pero cruza casi horizontalmente hacia la derecha, alcanzando los Joyos del Gumial, en otros tiempos una vegas de pasto, hoy casi totalmente comidas por el bosque.


No entramos en los Joyos. Giramos a la derecha para bordear, ganando algo de altura, una especie de cotero. Aquí perdemos la senda. El terreno es malo a retorcer. Una karst totalmente cubierto de maleza y espineras, donde no se ve donde pisas.


Y allí, sin querer, nos dividimos. Unos ganamos altura rápidamente cruzando un tramo de muy mal andar, hasta que damos con una trocha que nos lleva a una pequeña vega en medio del bosque. Desde ella sale una marcada senda que nos llevará ya son problemas a las vegas de Braña Fuentes, localizadas justo encima nuestro.


Salimos a las vegas inferiores de Braña Fuentes, desde donde vemos la Pica Peñamellera.


Buen sitio para parar a picar algo con la vista puesta en el Cuera. Nuestros compañeros han cruzado la ladera casi en horizontal y finalmente han alcanzado la vega de Vizcallana. Por ella pasada la vieja senda. Desde la vega, muy por debajo de nosotros, ascienden por la amplia Cuesta del Jorao.


Y como el Juracu del Jorao era otro de esos sitios que hay que ver, no nos quedó más remedio que bajar a encontrarnos con ellos para visitarlo.


Curioso sitio. Un doble "juracu" que se abre a una estrecha canal que desciende vertiginosa hacia el Rubó, con Trespandiu justo enfrente.


Regresamos a Braña Fuentes y, ya todos juntos de nuevo, vamos a ir ascendiendo con tendencia a la izquierda. Hacia la collada final.


Dejaremos a nuestra izquierda los restos de Braña el Torneru, con sus cabañas en ruinas.


Una vista atrás de la ladera que vamos superando.


Subiendo por las Conchas del Volvosu, coronamos el Collado Volvosu, desde el que vemos al frente la Sierra de Cocón,...


A la izquierda la sierra desciende hacia el valle del Deva, con la Sierra de Peñarrubia ya al otro lado de éste. Al fondo a la derecha, se eleva la Sierra de Peña Sagra.


Y a nuestra derecha vemos ya la cumbre de Cabeza Vigueras, cuando empieza a aparecer la nieve.


Una vez más la Sierra de Peñarrubia. La habíamos recorridos un par de años antes, como os conté AQUÍ.


Vamos a ir acercándonos a la cumbre del día, evitando los neveros, ya que la nieve estaba muy dura.


Justo bajo cumbre damos vista al valle de San Esteban de Cuñaba, con la Sierra de Cocón al otro lado del mismo y las espectaculares caídas desde la cima del Cabeza Vigueras.



Y finalmente alcanzamos la cumbre de Cabeza Vigueras. Allí pararíamos a comer, disfrutando de las vistas sobre los Picos de Europa.


Urriellu


Peña Santa


Al otro lado de la Garganta del Rubó, Cuetu las Vacas y Cabeza Legua. Aún no lo sabía pero solo una semana después, andaría por allí.


Las fincas de Trespandiu con el pueblo de Ruenes al fondo.


Una nueva vista a toda la Sierra del Cuera.


La Sierra Nedrina continúa hacia el este, con Cabeza Libroto al fondo.


Y sobre ella podemos ver San Vicente de la Barquera y las playas de Oyambre.


Una más a la Sierra de Peñarrubia.


Estando en cumbre hicimos un cambio de planes. El regreso no lo haríamos por el Rubó y Trespandiu, sino por Collantes y Oceñu. Una vuelta bastante más amplia que iba a obligar a aligerar el paso. Así que tras comer había que ponerse en marcha. De momento tocaba descender por la vertiente contraria hacia el Collado La Galavín.


Collado La Galavín con el Cuetu la Cerralosa al fondo.


Tomamos la senda que se dirige a Oceñu, pasando junto a la Fuente Llaméa, con el Cuetu Carraspión al frente. Los contrastes de luz eran brutales durante todo el día, lo que unido a que en esta jornada tuve que tirar de una cámara compacta "normaluca" hizo que las fotos no salieran muy allá.


Por debajo de la senda queda la majada de Tamandón.


Subimos hasta la collada Llaméa donde damos vista al valle de Collantes con el Cuetu las Vacas a la derecha. Allí la senda principal faldea en horizontal hacia la derecha, buscando cruzar la siguiente collada, para seguir hacia Carraspión y Trespandiu. Esa iba a ser nuestra ruta original, pero tras el cambio de planes, aquí la dejamos.


En su lugar vamos a descender todo a lo largo del valle de Collantes. Una perdida senda va a ir bajando casi por el fondo mismo de la vaguada.


Ya bastante abajo vemos a nuestra izquierda la zona por donde le llega la senda proveniente de la majada de Nariu, por el sedo del Paré las Conchas, cuyo recorrido os conté en su momento AQUÍ.


Alcanzamos la ubicación de la majada Collantes, donde aún aguanta alguna cabaña en pie, aunque ya en claro abandono.


Desde este punto vamos a seguir el trazado de la senda Collantes, por lo que aún deberemos perder algo más de altura para dar con el claro camino que va a ir cruzando la ladera casi en horizontal.


La primera parte del camino, a la salida de Collantes, está muy tomada de maleza. Ya lo estaba en mi anterior visita, pero parece ir a peor. Al fondo vemos la mole del Obesón y el valle que desciende desde Tajadura.


Una vista atrás nos permite ver todo el valle de Collantes que hemos recorrido desde la collada Llaméa, al fondo del mismo.


La senda va a ir saliendo del valle de Collantes para entrar en el del río Mildón. En el fondo del mismo, destaca la solitaria cabaña de La Redondina, en medio del Monte de las Lavanderas.


La senda va a ir pasando por varios puntos a cada cual más espectacular. El primero, el ascenso a la Posá de la Joradá por la Concha el Grezo.


Y ya al otro lado de la Posá, toca descender de nuevo por la Canaluca la Joradá.


Y es que acabamos de cruzar un crestón calizo en el que se abre un precioso ojal, la Joradá. Hoy íbamos bien servidos de "joracos".


Continuamos atravesando la zona de los Sedos. La senda es clara y cómoda, pero de las de poner cuidado en todo momento. Un tropezón o un resbalón en mal sitio, nos lanzaría muy abajo por aquellas laderas convertidas en perfectas escupideras.


Y llegamos al paso sin duda más espectacular del recorrido, el cruce del sedo del Paré Bermeju. Os recuerdo que de esta senda tenéis otra entrada con más fotos en el blog.


Sigue la preciosa senda cruzando aquellos desventíos que nos lanzarían hasta el río Mildón. Al fondo aún podíamos ver la Joradá.



Un último repecho nos iza hasta el collado Trallué, donde damos vista al pueblo de Oceñu. Al fondo, en el centro de la foto, vemos la amplia collada donde se asienta la majada de Jaces y que va a ser nuestro siguiente punto de paso, cuando el sol ya empezaba a estar muy bajo.


En vez de descender a Oceñu seguimos una senda que desde la collada Trallué faldea hacia la derecha, dirigiéndose a las cabañas de Jaedu, donde salimos a una pista, o lo que debió ser una pista, transformada ahora en un inmenso lodazal por la que seguimos como buenamente pudimos.


Perdemos altura hasta salir a la pista que asciende hacia Trespandiu, que apenas tocamos, pues enseguida la dejamos para seguir ascendiendo hacia Jaces, cuyas cabañas ya vemos al frente.


En Jaces nos despedimos del sol que se ocultaba ya tras las montañas. El Urriellu asomaba tímido a la izquierda.


A nosotros aún nos quedaba un largo descenso hacia el Puente la Vidre, que haríamos a buen ritmo y sin detenernos. Desde Jaces la senda cruza un largo trecho casi en horizontal para voltear el Cuetu Trespandiu hacia su cara norte, por donde empezará a descender.


Últimas luces sobre el Cuera cuanto empezábamos a perder altura por Las Retuertas.


Al paso por Las Retuertas la senda se une con la que le llega por la derecha desde Trespandiu. Desde su unión va a dar un amplio giro, primero hacia la izquierda, para luego retroceder en sentido contrario. La explicación es la necesidad de evitar las verticales paredes de Susuga.


Por debajo de Susuga se extiende un denso y precioso encinar que destaca por su tamaño y la envergadura de algunos ejemplares. Una maravilla botánica que merecerá una nueva visita con luz suficiente, ya que nosotros lo cruzamos ya oscureciendo. De hecho, a su salida tocaría encender los frontales para afrontar el último trecho del recorrido y es que habíamos escogido uno de los días más cortos del año para esta larga y dura ruta.  


A la luz de los frontales acabaríamos de descender las laderas del Cuetu Trespandiu, entrando en el Monte Garrinosu. Más abajo enlazaríamos con la senda de la mañana por la que regresaríamos al Puente la Vidre y a los coches, a los que llegaríamos cuando los termómetros ya solo marcaban 3º y el frío volvía a ser intenso. Allí tocaría el habitual cambio de ropa y cada mochuelo a su olivo. Esta vez no habría cerveza. Las restricciones a la hostelería y la situación sanitaria no lo permitían. Quedaba pendiente para la próxima. Os dejo el track.


Un saludo
Cienfuegos

2 comentarios:

  1. Los recuerdos se me agolpan y la tristeza me envuelve. Vaya ruta dura y exigente con esas imágenes preciosas de ese Oriente maravilloso que tú tan bien sabes captar. Un abrazo

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    1. Esto Julio lo tendría macizado. Y seguro que me corregiría algún topónimo. La ruta, si, dura. Mucho desnivel y no todo por buen terreno, pero ya sabes, el entorno todo lo compensa. Y en buena compañía, se hace llevadero.
      Un abrazo

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