09 marzo 2021

Al Cerru Niañu por la Sierra de Pesquerín y el Chorrón de Villamayor

De entre esas modestas sierras piloñesas que arrancan casi desde el mismo río Piloña, me faltaba por recorrer una que me llamaba mucho la atención, la Sierra de Pesquerín. Sin embargo, el hecho de que el acceso más habitual fuera por pista, saliendo precisamente desde Pesquerín, me echaba para atrás. No obstante había otra posibilidad. Salir de Villamayor para recorrerla entera hasta Tebrandi, regresando después por la margen contraria. Ruta larga, eso si. Y si ya sobre la marcha coronaba el Cerru Niañu, conseguiría darle la vuelta completa al valle del río Pequeño o río la Cueva, aprovechando para una nueva visita a la cascada del Chorrón de Villamayor. 

DATOS DE LA RUTA
  • Fecha: 29/01/2021
  • Concejo: Piloña (Asturias)
  • Inicio/Fin: Villamayor 
  • Distancia: 22 Km
  • Desnivel máximo: 945 m
  • Desnivel acumulado positivo: 1.375 m
  • Tiempos: 8 y 1/2 horas
  • Dificultad: Moderada. En el ascenso final al Niañu me lié cruzando una zona de muy mal andar que no recomiendo seguir. Otros tramos de la ruta podrían presentar mucha maleza avanzado el año, en primavera y verano.

Aparqué en Villamayor, en una pequeña plaza en la que hay instalados los paneles de la ruta del Chorrón, con una mañana fea, triste y fría, en la que chispeaba algo de agua. Por la estrecha carretera que comunica con las casas de Carúa regresaría por la tarde, pero de momento tocaba retroceder unos metros para tomar una calle que sube con fuerte pendiente, dando paso a la pista que asciende hacia los depósitos de agua. Así que, cubrí la mochila con el protector de agua, me puse el goretex que no me quitaría hasta la primera cumbre,...y en marcha.

Asciendo hasta los depósitos de Villamayor. Justo tras ellos continúa un estrecho sendero, en esta ocasión casi convertido en río por la cantidad de agua que bajaba, que me lleva bordeando una amplia finca con lo que parece un hotel a mi izquierda, hasta alcanzar un triple cruce de caminos en el que tomo el de la izquierda del todo.

Sigo bordeando la misma finca, ahora por arriba, y veo como pronto el camino se vuelve pista. No hay pérdida. Me llevará sin problemas hasta las casas de El Caleru.

La mañana muy metida en nieblas que dejaban guapos contrastes. Tan pronto llovía un poco, como paraba.

Cruzo el pequeño núcleo de El Caleru por entre sus casas. Busco el abrevadero, ya que junto a él desciende una pista hacia el fondo de una hondonada. El Caleru ya va quedando atrás.

Sigo ahora un marcado camino que asciende con fuerza. Acabará por salir a la carretera que lleva al pueblo de Les Llamielles. Sin embargo, nada más alcanzar la carretera deberé cruzarla para tomar por el camino que continúa casi frente al que llevo.

Un par de quiebros nada más tomarlo (ojo a no saltarse un cruce en el que debemos tomar a la izquierda), me hacen ascender y ganar el lomo del largo cordal que voy a seguir. En realidad me acabo de aupar al extremo más septentrional de la larga Sierra de Pesquerín que voy a recorrer íntegramente. De momento lo hago por una remozada pista que asciende por la parte alta de la misma, cruzando entre amplias fincas y arregladas cabañas, alguna como segunda vivienda.

Las nieblas estaban agarradas al fondo de los valles y les costaba levantarse.

La pista asciende hacia el Cantu San Pedrín, donde llaneará un tramo. Una vista atrás.

Poco después ya empiezo a ver la parte alta de la sierra, con las estribaciones del Picu Torre. Al fondo veo como la pista continúa serpenteando ladera arriba.

Llego al cementerio de Pesquerín. Allí, la pista baja a la izquierda para entrar en el pueblo. No será ese mi itinerario. Por delante del cementerio continúa una marcada senda que me evitará la pérdida de altura. Al otro lado del valle del río Color se alza la mole de la Peña los Foyos, cuya ascensión os conté AQUÍ.

Y al oeste lo que veo es el descenso que tendré que hacer a la tarde desde la collada La Doca hacia el fondo del valle del río Pequeño. Pero para eso, aún quedaba mucho.

Mi senda acaba por devolverme a la pista, la que sale de Pesquerín y asciende hacia las cabañas del Corralín. Me la tomo con calma para ir disfrutando de las vistas sobre Pesquerín y la Sierra del Sueve al fondo. El sol empezaba a asomar tímidamente.

Subo por la Canal de Bobia, echando un trago en su fuente, y alcanzo la horcada de La Muezca desde donde veo el punto en el que abandonaré la pista para ascender ya directamente hacia la primera cumbre del día, la del Picu Torre.

A mi izquierda voy disfrutando de las vistas sobre los Picos de Europa, aunque amanecían muy envueltos en nubes. No llegarían a despejarse del todo en ningún momento.

Dejo la pista y asomándome al oeste veo un largo tramo del recorrido de regreso. El de la marcada senda que habrá de llevarme de Cerancia a Valdelescabres y La Doca para luego descender hacia el Chorrón.

La ladera "pica" en la última parte, con fuerte pendiente y donde alcanzo a un par de montañeros que iban por delante, para ganar la cumbre del Picu Torre, con vértice geodésico.

Mientras charlo con los montañeros, buenos amigos del Civilu, mi grupo de montaña, voy tirando alguna foto, una más hacia la Peña los Foyos.

Al norte se extiende la Sierra de Pesquerín, apuntando hacia la Sierra del Sueve, con el día que ya por fin empezaba a clarear, cuando ya hacía rato que había parado de llover.

Hacia el oriente se veía la Sierra del Cuera, con la zona de Peña Blanca y Cabeza Ubena. A su izquierda, lo que creo que es la Sierra de Ibéu.

Picos de Europa, con la zona del Cabroneru a su derecha. Por delante, la Mota Cetín.

Y al sur, ... el trabajo por hacer. El siguiente tramo hasta Tebrandi, con el Niañu a su derecha, haciendo de imán. Y es que la idea de llegar al Niañu ya la traía desde casa, aunque la decisión de alargar la ruta o no, la tomaría sobre la marcha en función de las ganas y de como fuera de tiempo. Al fondo del todo, el Vízcares con bastante nieve aun.

No paro gran cosa en cumbre. El par de montañeros se viene conmigo, o yo con ellos, y los tres juntos seguimos al sur, bajando hacia las cabañas de El Corralín, hasta las que llega la pista procedente de Pesquerín.

Allí me despido de Arturo y su compañero. Ellos se vuelven por la pista. A mi aún me queda tajo bastante. De momento toca ascender desde El Corralín, para seguir recorriendo la sierra por arriba. Una vista atrás a la amplia collada del Corralín y el Picu Torre detrás.

Por encima de la collada doy con una buena senda que, bordeando una primera cota, me llevará a la zona alta y a la cumbre del Cerru Tebrandi, mientras veo ya bastante más cerca el Cerru Niañu.

Una nueva vista atrás, al Picu Torre con el Sueve al fondo. El día seguía mejorando aunque de momento ni rastro de la elevada temperatura pronosticada.

Casi desde cumbre veo el largo valle de Les Velorteres que desciende hacia el río Color con los Picos de Europa al fondo del todo.

Corono el Cerru Tebrandi. Allí pararía un rato para picar algo y decidir qué hacer, aunque en realidad ya hacía rato que venía con ganas de seguir hasta el Cerru Niañu. Trazo la ruta de ascenso, en la que la cagaré, como no, y más o menos la de descenso hacia el fondo del valle.

Observo bien el trazado de la senda que ha de llevarme luego de vuelta. Se ve muy nítida en todo momento, y se que el único punto a tener en cuenta es buscarla al paso por las verdes fincas de Cerancia, donde hay que ganar algo de altura para volver a dar con ella.

En cambio, el descenso desde el Niañu hasta el río, no lo tengo tan claro. Son bastantes metros a perder por una ladera que se ve muy tomada de maleza y que podría suponer un embarque de los de recordar. Mientras como algo la examino detenidamente con el zoom de la cámara y veo lo que me parece una senda que desde el collado Sotrepeña se aproxima al río y que podría tener continuidad a media ladera hasta la collada inferior, ya muy cerca del cauce. Pues nada. Al lío.

Por lo pronto bajo hacia la collada Tebrandi, con varias cabañas, alguna de ellas muy arreglada como para fin de semana, algo que llama la atención ya que esto si que pilla lejos. Por aquí cruza el GR-105 Ruta de las Peregrinaciones.

De la collada sale una senda que asciende con tendencia a la derecha, para ganar directamente el collado Ovenes, ya en la ladera del Niañu y en el que doy vista al sur, al Vízcares.

La vista atrás me enmarca la cabecera del valle del río Pequeño o río la Cueva, con el Cerru Tebrandi y el Picu Torre a la derecha y el Cantu Cobil a la izquierda.

Desde el collado Ovenes sigo una tenue senda que faldea por cara norte....y la cago. Me empeño en pensar que lo que veo por encima ya es la cumbre del Cerru Niañu e intento llegar directo. Tenía que saberlo de otras visitas. Aún no estoy viendo ni el Diente, con lo que la cumbre queda mucho más atrás. Además, de mi primera visita a esta cumbre, ya debería saber que la cara buena para cruzarlo, es la cara sur. Así que mi senda me deja en medio de una ladera tomada de escoba y cotoya de la que salgo como puedo, echando pestes de la cagada y más mal que bien, para acabar pasando a cara sur, desde donde gano finalmente el Diente,...

...y la cumbre. Allí sigue la cruz. Tercer visita a esta cima y por tercer itinerario diferente. La verdad es que es una atalaya que me gusta.

Haciendo un 360º tiro una foto a la cara norte, con la "piedrona" de El Diente y al fondo la Sierra del Sueve.

Hacia el este hago zoom a la Sierra del Cuera, a la zona de Cabeza Ubena e incluso el Turbina.

Una más hacia los Picos de Europa, que seguían muy metidos en nubes.

Los Picos por detrás de la Mota Cetín (izda) y el Pierzu (dcha).

Hacia tierras ponguetas, Recuencu, Lluengu y Collau Zorru casi empastados (centro), con Peña Ten a su derecha y la Llambria en el extremo derecho.

Espectacular el Campigüeños visto desde aquí.

El Vízcares, con la Llambria a su izquierda.

Girando hacia el suroeste destaca sobre todo el Retriñón (izda)

Y al oeste, al fondo la Sierra de Peña Mayor. Justo debajo, los valles que desciende hacia la zona de Espinaréu.

Tras un rato en cumbre disfrutando de las vistas y mandando algún mensaje con el teléfono, tocaba seguir ruta. El regreso iba a ser largo y quería adelantar todo lo que pudiera antes de parar a comer. Así que al rato, para abajo, descendiendo de forma directa hacia el collado Caneiru o Llarañes.

Por debajo del collado se localiza lo que queda, poco, de la majada Llarañes. Los muros de alguna cabaña,...

...y los de las fincas que delimitaban el camino. Por cierto, que este camino vuelve a ser parte del GR-105.

Yo lo tomo en dirección contraria a los peregrinos, ya que no voy a Covadonga y lo sigo hasta el siguiente collado, el de Sotrepena. De aquí debería arrancar la senda que visualicé desde el Cerru Tebrandi, con la collada Tebrandi al otro lado del valle (flecha). Y efectivamente. Enseguida doy con la senda. Baja hacia la derecha, buscando el arroyo, aunque sin llegar a él, girará a la izquierda para ir bajando a lo largo del valle.

En realidad bajo saltando de una trocha a otra, ya que hay varias a diferentes alturas. En esta época bajo bien, mucho mejor de lo que contaba, pero avanzado el año, esta ladera puede ser un infierno de "felechu" (helecho). Yo alcanzo sin problemas el río, justo en el punto de vadeo de la senda que desciende desde Tebrandi.

Tomo contacto así con la senda que va a ir faldeando valle abajo y para mi sorpresa me la encuentro recién desbrozada. Un trabajo de la leche, ya que está desbrozada hasta el collado La Doca ni más ni menos.

Guapos rincones al cruce alguna acebera. La temperatura en el fondo del valle había subido varios grados y empezaba a habcer calor.

Al otro lado del valle veo el collado del Corralín y la pista que desde él baja hacia el río. Al menos de momento, no tiene continuidad hacia la margen izquierda del valle.

Poco a poco me aproximo a las praderías de Cerancia, bajo el collado Abedul.

A la entrada de la vega la senda se pierde. Hay que buscarla alta, por lo que cruzo Cerancia hacia la derecha ganando altura. Casi en el límite de las praderías doy de nuevo con ella. Arriba del todo, el collado Abedul. Por él pasé cuando ascendí al Cantu Cobil, como os conté AQUÍ. Aquí el calor ya era brutal para ser enero. Al final iban a acertar con la predicción.

Ya casi a la altura del Picu Torre, vuelvo a mirar hacia la collada del Corralín,...

...y por encima de ella veo, ahora si, los Picos de Europa que por fin se habían quitado la boina. A la derecha el Cantu Cabroneru.

La senda es una preciosidad. Muy cómoda, casi en llano todo el rato y con el Sueve siempre al fondo.

Doblando el Cantu Cobil, veo la siguiente collada, la de Valdelescabres.

Las fincas se mantienen activas, de hecho el camino está muy estropeado porque parecen encerrar el ganado directamente en él, pero las cabañas ya están todas en ruinas.

La salida de Valdelescabres se hace por un camino soportado sobre buenas armaduras, en un largo tramo precioso. El Picu Torre ya va quedando atrás, a la derecha.

La senda bordea el Picu Olla e inicia un largo descenso hacia la amplia collada La Doca, a los pies de la sierra plana que forma el Cerru Tombu. En anteriores ocasiones lo tengo cruzado ascendiendo hacia la izquierda. Hoy, sin embargo, mi camino me llevará a bajar desde la collada hacia la derecha, buscando el fondo del valle.

Una buena pista desciende hasta una solitaria casa (blanca), desde la que continúa bajando un ancho sendero hacia la ubicación del desaparecido pueblo de La Cueva.

Alcanzo La Doca. Hasta ella llega una pista procedente del pueblo de Valle. Otro ramal desciende a la derecha, hacia el valle del río Pequeño y por ella tomo.

La pista muere a la altura de una solitaria casa, quizás la única que quede en pie del antiguo pueblo de La Cueva. Una senda la bordea por la izquierda para seguir descendiendo y poco después aparecen los restos de las antiguas casas y cuadras, de las que ya se ha hecho dueño y señor el bosque. Allí, sentado en uno de aquellos viejos muros paro, por fin, a comer, que ya iba siendo hora.

Y después visito la cueva, la que dió nombre al pueblo. Una oquedad de cierto tamaño pero con poco fondo.

Dejando atrás el pueblo, sigo por el ancho y cómodo camino que atraviesa un pequeño pero precioso bosquete en La Vallinona.


Después sigue recorriendo el pequeño cañón que forma aquí el río Pequeño o río La Cueva.


Se nota que esta parte de la senda forma parte ya de un PR, ya que al poco aparecen barandillas en algún tramo y varios bancos que invitan a sentarse y disdrutar del entorno. Finalmente la senda se deja caer hasta el nivel del río pasando antes por encima de una captación de aguas. Por debajo de ella se localiza el verdadero reclamo de esta ruta, la pequeña cascada del Chorrón de Villamayor.


Tras un rato sacando fotos de la cascada, encaro la última parte de la jornada, volviendo a ponerme algo de ropa, ya que aquí ya hacía rato que se había quitado el sol y junto al río la temperatura volvía a ser baja. Desde la cascada la senda se vuelve pista. Una ancha y cómoda pista que va a ir bajando casi sin pendiente río abajo, pasando primero junto a una estupenda área recreativa.

Hasta en tres ocasiones cruzaremos sobre el río Pequeño, ayudados por guapos puentes de madera.

Ya solo restaba dejarse llevar, disfrutando del entorno, de los bosques que aún dormían el invierno y con la visita a algún curioso manantial de camino.


Finalmente cerraba la circular a pie de coche. Allí mismo aprovecharía para limpiar un poco las botas, cambiarme de ropa y para casa. En esta ocasión no habría cerveza de camino. Os dejo el track.


 
Un saludo
Cienfuegos

4 comentarios:

  1. Guapu percorríu y una buena noticia la del desbroce

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    1. La verdad que el desbroce fue una sorpresa...y una alegría. A ver si dura.

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  2. Alucino pepinillos con tus rutas, chaval, eres un cansaliebres de 5 generacion.

    Turbina,

    Encuentrame una cabañuca en venta y te dejo el usucfruto vitalicio

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    1. ja, ja, ja, calcetinada buena, no lo voy a negar. Lo de la cabaña no se de ninguna más allá de la que te comenté de un colega en Redes, pero está sin arreglar.

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