30 enero 2026

Camino del Salvador. Etapa 5: Mieres - Oviedo

Quinta y última etapa del Camino del Salvador. Etapa con una primera parte enteramente por carretera hasta el Alto del Padrún y una segunda parte en la que se alternan pistas, caminos y estrechas carreteras. Llama la atención la entrada a Oviedo, por su zona rural y sin atravesar polígonos o zonas densamente pobladas. De camino a la Catedral pasaremos por delante del albergue, por lo que podemos parar y soltar el equipaje si vamos a seguir recorriendo el Camino Primitivo o el del Norte en días sucesivos. No dejéis de visitar la Catedral, ya que aunque pequeña es un precioso ejemplo de arquitectura en el que se mezclan románico y gótico. Además, la visita es gratuita para peregrinos. 



DATOS DE LA ETAPA
  • Punto de Inicio/Punto de Fin: Mieres del Camín - Oviedo
  • Hora de inicio: 7:53 horas
  • Hora de finalización: 13:14 horas
  • Tiempo total invertido: algo menos de 5 y 1/2 horas
  • Distancia total: 21 Km
  • Desnivel acumulado positivo: 591 m
  • Desnivel acumulado negativo: 565 m
  • Velocidad media en la etapa: 3,89 Km/hora
  • Velocidad media en movimiento: 4,53 Hm/hora
  • Albergues entre la salida y la llegada: Si. Hay albergue en Olloniego.
  • Bares y tiendas entre la salida y la llegada: Si, en Olloniego.
  • Tipo de terreno: Etapa mayormente con asfalto, si bien también tiene tramos de pistas y caminos de tierra.
  • Curiosidades: La llegada a Oviedo se hace por zonas rurales y caminos. No dejéis de visitar la Catedral.

Después de la media trampa del día anterior, cuando me desplacé a Oviedo para dormir en mi casa, volví a Mieres bien de mañana y salía del albergue aún de noche, callejeando por Mieres hacia la iglesia de San Juan. 


En la plaza de Requejo, cargada de buenos recuerdos, paré a quitar la chaqueta, ya que la mañana no era especialmente fría. Lo que si cogí fue el frontal para llevarlo en la mano, ya que la primera parte se hace entera por una carretera sin arcén y aún era de noche.


Salgo de Mieres por el barrio de La Peña, pasando frente a las instalaciones del lavadero de carbón de El Batán.


Hasta el alto del Padrún son unos 7 km de carretera, pero que haciéndolos a la fresca se llevan bastante bien. En La Rebollada dejo atrás la iglesia de Santa María Magdalena.



Poco después guardo el frontal, cuando me parece que la luz ya es suficiente. De hecho, el sol empieza a colorear los cielos de naranjas. En el fondo del valle se queda Mieres del Camín y allá al fondo, el contorno de la cordillera, que cruce hace dos días.


En cuanto levanta el sol, empieza a dar en los montes de la otra margen del valle, a los que aún se agarraban las nieblas. 


Subo esta parte mirando para atrás de vez en cuando, ya que espero que me adelante Jorge con su habitual ritmo, ya que se había quedado a dormir en Mieres, pero al final no lo vería en todo el día, por lo que entendí que había madrugado más que yo. 


Abajo la central térmica de La Pereda, a orillas del Caudal. 


Llego al alto del Padrún. Aquí por fin dejaré la carretera, por lo que paré unos instantes y cambié los playeros con los que venía, por las botas. Es aquí donde veo a los primeros, en realidad los únicos, peregrinos de la jornada. Una pareja con la que no llego a intercambiar más que un saludo.


Justo en el alto sale a la derecha un camino hormigonado que me baja hasta las casas de Casares.


Salgo de Casares por su carretera, dando vista ya al valle de Olloniego. No la seguiré mucho, pues enseguida hay que dejarla para tomar un estrecho sendero que baja a la derecha.


Llama la atención lo tomado de maleza que está la primera parte del sendero. Es el único tramo de todo el Camino donde no sobraría un poco de trabajo de desbroce.


Por suerte es un tramo corto y enseguida la senda se convierte en un ancho camino que baja por medio del bosque.



Saldremos a la carretera de Olloniego, pasando frente a la Fuente los Llocos.


Poco después una pasarela nos permite pasar sobre la autovía, y salir al sol que, ¿por qué no decirlo?, ya apetecía.


A la entrada de Olloniego nos recibe un cartel que indica que faltan 10 Km a Oviedo. Eso anima. Aunque igual precisamente por eso, si bien había hecho a buen ritmo la primera parte, voy a tomarme con mucha más calma lo que me resta hasta Oviedo.



De hecho lo primero que hago es parar a tomar un café. Lo hago la terraza del bar San Pelayo, donde en verano suele haber ambientillo de peregrinos, ya que el albergue está justo detrás. En esta ocasión soy el único, pero aprovecho para sellar la credencial y charlo un rato con un par de parroquianos.


Intercambio unos mensajes con Miguel que están camino de Mieres tras haber dormido en Pola de Lena. Les anticipo un poco esta primera parte de la etapa, que ellos harán a mediodía. Después continúo saliendo de Olloniego. 


Junto al área recreativa esté el conjunto medieval de Olloniego, con lo que queda de su palacio y torre defensiva y junto al que se mantiene el curioso puente. Y digo lo de curioso porque este puente quedó en seco tras una riada del Nalón en 1676 en la que cambió su curso.



Cruzo por el puente de la nacional que mantiene en la margen derecha del río el viejo edificio del Portazgo.


Junto al edificio dejo el asfalto para tomar por una senda que va a ganar altura con rapidez sobre el fondo del valle.


Un tramo muy guapo este.  


Salgo a una estrecha carretera que me lleva a las casas de Picullanza, un pequeño núcleo situado en un altozano.



De hecho en cuanto salga de Picullanza tendré la primera vista de Oviedo. Parecía que esto estaba llegando a su fin.



Voy bajando hacia el núcleo de San Miguel, un pueblo de lo más coqueto y arreglado, con multitud de originales detalles, entre los que no faltan guiños al Camino del Salvador. 



Desde San Miguel sigo bajando por un ancho camino que cruza una zona de bosque en la que abundan los castaños. Tal es así que solo unas semanas más tarde volvería por aquí para llenar una bolsa con su fruto.



Buenas vistas sobre la Sierra del Aramo y el Monsacro, que tanta relación tiene con la Catedral de Oviedo a la que me dirijo.


Desde La Venta toca subir a Los Prietos, ya por asfalto, pero siempre por estrechas carreteras en plena zona rural de Oviedo. Paso junto a la pequeña área recreativa de la Fuente del Árbol. Alguna tortilla comimos aquí en los tiempos de la pandemia, cuando buscábamos sitios al aire libre y poco concurridos. 



Cruzando la carretera de La Manjoya llegamos al cartel de entrada en Oviedo, para acceder por el barrio de San Lázaro.


Allí nos recibe una escultura de Santiago Apostol. Tengo que reconocer que nunca me había fijado en ella.


El Camino del Salvador está bien balizado dentro de la ciudad y nos lleva a la calle Leopoldo Arias, pasando así por delante del albergue de peregrinos. A aquellas horas aún estaba cerrado, aunque tampoco me importó ya que no tenía pensado parar. 


Entro en el casco viejo por la calle Magdalena que me lleva a la plaza del Ayuntamiento y a la iglesia de San Isidoro.


Y cruzando por el arco del Ayuntamiento, sigo por las calles Cimadevilla y Rúa hasta la plaza de la catedral, donde me recibe Doña Ana, la Regenta. Lo que no se es si Don Fermín de Pas nos observa desde la torre de la catedral (el que no lo entienda, que se lea La Regenta de Leopoldo Alas Clarín).


Estoy a los pies de la Catedral de Oviedo. Esto se acabó y el Camino del Salvador "ta fechu". He venido andando desde la Catedral de León hasta la Catedral de Oviedo. Un Camino más, o un Camino menos. Con una sonrisa boba en la cara me encamino a la entrada de la catedral.


Allí me sellan la credencial y me dan la Salvadorana. Evidentemente ya conozco la Catedral de Oviedo, pero la visita es gratuita para los peregrinos, así que no me resisto a una nueva visita de la nave central con su retablo, la Cámara Santa con sus reliquias, el claustro, la cripta de Santa Leocadia, la capilla de Santa Eulalia de Mérida, verdadera patrona de Oviedo, ....



... y por supuesto, la girola, donde me espera la escultura del Salvador, titular de la Sancta Ovetensis, del siglo XIV y una de las más antiguas del templo. A él le debe el nombre y la propia razón de ser del Camino del Salvador, por lo que la visita era ineludible.



El Camino estaba hecho y yo quedaba "liberado". Era temprano de un viernes de buen tiempo, con el caso viejo a reventar de gente. Perfecto para dar una vuelta sintiéndome turista en mi ciudad. Un pequeño paseo por el casco viejo, un imán del Camino del Salvador que acompañe al que ya tenía del Camino Primitivo, y por supuesto una caña en una terraza, al sol, para festejar el final de este pequeño viaje. Y a ir pensando en el siguiente Camino, aunque ideas siempre hay un ciento.


Un saludo
Cienfuegos

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