13 enero 2021

La Bersolina y el Camino viejo del Cares

En el año suele haber alguna ruta que se sale de lo normal y entra en el terreno de lo extraordinario. Por su espectacularidad, su belleza, su variedad,... o su dureza. De todo íbamos a tener en esta jornada. Especialmente de lo último. Un recorrido extraordinariamente largo partiendo de Poncebos por la Senda del Cares para ascender por la Canal de Trea y enlazar con la senda de la Bersolina y así, desde Hierbas Altas, alcanzar Caín. El regreso lo haríamos por el Camino Viejo del Cares, pasando por lugares casi míticos, como Cámara, Cuesta Duja, la Canal de Ría y volver a caer a la Senda del Cares para regresar finalmente a Poncebos. Lo dicho, extraordinario.

DATOS DE LA RUTA
  • Fecha: 04/09/2020
  • Zona: Desfiladero del Cares. Picos de Europa
  • Concejos: Cabrales (Asturias) y Posada de Valdeón (León)
  • Inicio/Fin: La Trapa. Poncebos
  • Distancia: 30 Km
  • Desnivel máximo: 780 m
  • Desnivel acumulado positivo: unos 2000 m
  • Tiempos: 13 horas
  • Dificultad: Muy Dificil. Los números de distancia y desniveles darán idea de la dureza del recorrido. Pero aparte y peor aún, es el terreno por donde discurre. Abrupto y tortuoso como solo el entorno del Desfiladero del Cares puede serlo. Por sendas muy abandonadas y poco transitadas que atraviesan lugares donde es condición necesaria no errar el tiro, a riesgo de enriscarse.
  • Track: En el desfiladero el GPS dio no pocos rebotes. He intentado corregirlos, moviendo y eliminado parte de los puntos. Aún así la distancia que devuelve el track pudiera ser algo superior a la real que yo estimo es unos 30 Km. Lo mismo pasa con el desnivel que no se porqué Wikiloc devuelve ese acumulado. A mi en casa me da unos 2.000 m.

 

Sabíamos que sería una ruta larga, así que tocaba pegarse una buena madrugada. Se había planteado ir el día antes a dormir a Caín, reduciendo así el recorrido, pero al final saldríamos de La Trapa, en Poncebos, tomando por el camino inferior del Cares, para auparnos luego a la Senda del Cares, ya pasados los Collaos y desde donde veríamos asomar los primeros rayos de sol.


Pese a la masificación que estaba sufriendo el Cares durante todo el verano, nosotros haríamos el recorrido casi en solitario, dadas las horas. Tan solo nos cruzamos con un par de parejas ya pasada la mitad de la ruta. Apenas si tiré fotos en esta parte.


Poco antes de alcanzar el Puente Bolín dejaremos la Senda del Cares para tomar el camino que, por la Canal de Trea, asciende hacia la Vega de Ariu.


Poco a poco vamos ganando altura accediendo a la canal de Trea y viendo al otro lado del Cares la zona que atravesaremos por la tarde, con la Canal de Dobresengos al fondo.


Justo frente a Trea vemos Cuesta Duja (flecha) con las anaranjadas oquedades del Pardu de Cuesta Duja por debajo. Por ahi pasaremos en unas horas, aunque de momento más valía no pensarlo.


La senda cruza el bosque de Las Cabrerizas con tendencia a la izquierda, buscando la canal de Trea.


Y ya en la canal como tal, toca apretar y salvar el fuerte desnivel hacia la Fuente el Peyu, bajo la gran piedra que se ve frente al compañero que va en cabeza, y donde haremos una parada para cargar agua y picar algo.


Justo por encima de la fuente, donde la canal se abre un poco en Cuarroble, alcanzamos un cruce. Hay que fijarse bien, ya que la senda más evidente es la que continúa por la Canal de Trea. Este recorrido completo lo tenéis en el blog AQUÍ. Pero otra senda menos marcada cruza a la izquierda para salirse de la canal a esa mano.


Entramos así en el Monte Los Plagamones. Aquí la senda se difumina mucho entre la larga hierba y a la sombra de los árboles, pero bordea la base de la aguja caliza del Cuetu l´Arniu y cruza el bosque hacia la izquierda, con una ligera tendencia ascendente.


Tras un buen rato salimos a zona más despejada y ascendemos hasta una collada que constituye un estupendo mirador sobre el desfiladero del Cares. Se trata del Colláu Tornu. Desde allí podemos ver como discurre el valle hacia aguas abajo...


..y hacia aguas arriba.


Alguno todavía tenía ganas de empericotarse. Una pena la posición del sol que nos limitaba mucho las vistas sobre los Urrieles.


Antes de bajar de esta atalaya vemos el siguiente tramo a recorrer. Tendremos que cruzar dos nuevas colladas. La última es Hierbas Altas, desde donde descenderemos ya hacia Caín. El terreno es excepcionalmente abrupto, con verticales paredes por encima y por debajo. Y sin embargo...hay senda.


Al lado contrario del Colláu Tornu, la senda se introduce en un estrecho canalizo por el que desciende con varias zetas, alguna soportada por buenas armaduras. Es el Calleju´l Tornu.


En la parte baja, donde más se estrangula la canal, hay incluso una llamativa, cuidada y no demasiado vieja portilla, así como un cartel que invita a dejarla cerrada.


La canal nos deposita en la cabecera de la Canal de la Teja, desde la que ascendemos hacia una nueva collada, aquella que nos dará entrada al paso de la Bersolina. Alcanzado este nuevo collado, vemos el siguiente, el de Hierbas Altas y a su derecha la vertical pared del Cantu las Cabras al pie del cual pasaremos.


Descendemos por una especie de embudo, el Traviesu la Bersolina, en donde se conserva una buena armadura que sirve a su vez para formar un minúsculo redil. La verticalidad del Cantu las Cabras impresiona. 


Entramos así en la Bersolina, el paso por el que cruzamos la cabecera de Las Canales, en el único punto donde hay que poner algo de atención, pues la inclinación de la ladera es mucha.


Un resbalón aquí nos lanzaría a uno de los brazos de Las Canales. Al otro lado del Cares vemos la canal de Dobresengos. Por Casiellas, en la parte inferior de la misma, pasaremos en solo unas horas.


Cruzada la Bersolina echamos una vista atrás, al collado del que venimos. La verdad es que acabamos de cruzar y ya cuesta imaginar el trazado de la senda.


Un último repecho nos lleva a izarnos en Hierbas Altas que forma un balcón como pocos hay en Picos. En el punto más alto del camino de la Bersolina (1.015 m). El pueblo de Caín en el fondo del valle y por encima, las cumbres de Los Cabritos y a su derecha Torre Santa o Peña Santa, como más guste.


Aunque veíamos Caín a tiro de piedra, la verdad es que aún nos llevaría cerca de una hora bajar hasta allí.


La senda baja primero con clara tendencia a la derecha por el Monte las Hojas, buscando aproximarse a la riega de Hojas. Es una zona que en tiempos debió ser de pasto, pero que hoy día ya está tomada por matas de avellano.


La verticalidad que tenemos sobre Caín anticipa el brutal descenso al que nos enfrentamos.


Vamos bajando poco a poco, pero sin pararnos, pensando ya en tomar una cerveza en Caín y es que el calor empezaba a apretar, pese a que aún era pronto. Un anticipo de lo que nos iba a tocar sufrir por la tarde.


En un momento dado la senda traza una especie de arco, alejándose de la riega, para cruzar un pequeño collado, por el Posadoriu.


Una vista atrás a la riega las Hojas. Curiosamente es en la parte baja donde la senda más se difumina. Tanto que llegamos incluso a perderla y tomamos por una poco marcada trocha, bastante tomada de maleza que, no obstante, acabará por depositarnos en el ancho camino que parece llevar a Caín de Arriba.


Ya por buen camino seguimos bajando hacia la llamativa cuadra de Las Boas, edificada al abrigo de un paré.


La canal de Mesones sobre Caín de Arriba. Por encima, Torre los Cabritos (izda), Peña Santa (centro) y Piedralluenga (dcha).


Finalmente llegábamos a Caín. La primera parte de la ruta estaba hecha. Para prepararnos para la segunda íbamos a entonar el cuerpo con una cerveza en el pueblo, que ya empezaba a animarse de gente.


Tras el refrigerio, salimos de Caín por la carretera de Cordiñanes para tomar enseguida a la izquierda, cruzando sobre el Cares y seguir por la senda que se dirige al Cantu Mabru.


Dejaremos por encima la senda que asciende al Sedu Mabru, paso habitual para acceder a la canal de Dobresengos. No es ese nuestro destino. Nosotros vamos a seguir el viejo camino del Cares que comunicaba Caín y Bulnes.


Cuando nos aproximamos al Cantu Mabru, nuestro camino ya va muy por encima del río, junto al que vemos discurrir la Senda del Cares, en la parte inferior izquierda de la foto.


Desde un poco antes de doblar el Cantu, tiro una foto atrás, hacia Caín, rodeado de altas cumbres.


El recorrido del Mabru es precioso. La senda se retuerce para ir sorteando las cuchillas calizas, siempre al borde mismo del abismo que se abre sobre el Cares.


Una última armadura nos lleva al punto donde daremos vista a Casiellas, la parte inferior de la canal de Dobresengos. La foto engaña, ya que las paredes de la izquierda están ya al otro lado del Cares.


El cares bajo nosotros. La senda a aquellas horas ya se veía bastante más animada.


Descendemos a cruzar la riega Casiellas que baja de la canal de Dobresengos. El calor ya era mucho y aprovechamos para comer junto al arroyo y refrescarnos un poco en él. Aún no lo sabíamos, pero estábamos a punto de soportar las mayores temperaturas que yo tengo aguantado en Picos.


La senda sale del valle de Casiellas atravesando un tramo un tanto aéreo en un paso precioso, con vistas hacia Torre Santa y el Cares justo bajo nuestros pies. Mal sitio para un tropezón. Lo malo es que a aquellas horas el sol pegaba inclemente en aquellas paredes.



Doblamos una nueva cuchilla en Puntedo, y damos vista al siguiente tramo. La senda se muestra clara y muy marcada al otro lado de la canal de Cámara. 


Para salir de la canal se horadó la peña en una trabajada galería que es el Barrenáu de Sucámara. Es un punto donde hay que poner cuidado para no tropezar con la mochila.


A la salida del barrenao sigue un sedo, sencillo en seco, pero como siempre digo, de esos sitios de tener un mínimo cuidado.


Aún seguimos relativamente cerca del Cares y al otro lado del mismo es bien visible la senda, así como el Puente los Rebecos.


A la salida del barrenao la senda se pierde en la maleza. Es posible que en inverno sea más visible, pero en pleno verano a nosotros nos dio guerra seguirla. Digamos que alcanzado una especie de cotero, gira totalmente a la derecha, ganando metros entre la maleza para luego entrar en una especie de canal ya tomada de arbolado, por la que sube con mucha, mucha, pendiente hasta pegarse a un amplio paré. Estamos en la cueva de Cámara.


No hay cueva como tal en Cámara, sino un amplísimo paré con varias oquedades que en otros tiempos fueron aprovechadas para construir rediles para el ganado. El sol pegada de pleno en Cámara por lo que tampoco paramos demasiado.


Cruzamos Cámara para salir por el lado contrario dando vista a una herbosa ladera que parece descender hacia el Cares. Estamos en la Tarugada. La senda desciende de forma aparentemente rectilínea hacia el Puente Bolín (círculo), aunque por debajo de esta ladera se abre un vertical abismo y para alcanzar el puente habría que cruzar la Tránvia, otro barrenao. No es sin embargo Puente Bolín nuestro destino, sino Cuesta Duja. Podríamos descender hacia la Tránvia y tomar allí la senda que asciende por Trescámara, pero eso supone perder mucha altura, así que intentamos seguir el viejo sendero que ahorraba ese desnivel con un atajo.


Lo malo de los atajos es que "no hay atajo sin trabajo". La vieja senda está totalmente perdida, así que vamos cruzando como podemos hacia la derecha, perdiendo la menor altura posible, aunque para ello haya que echar la mano alguna vez. Aquí el calor era como si nos lo aplicaran a soplete. La senda del Cares (círculo) sigue siendo visible por debajo nuestro.


Y si elevamos la vista un poco, pues disfrutamos de la visión de la canal de Trea, escoltada por el Jultayu (izda) y Cabeza Llambria (dcha).


Finalmente nuestra travesía lateral nos deposita en una canal de una inclinación tal, como solo pueden ser las canales del Cares. Se trata de la canal de Trescámara, aunque la senda que asciende desde la Tránvia nos queda aún a la izquierda y deberemos ascender un buen trecho por el centro de la pedregosa canal hasta poder interceptarla. Aquí yo rompí. Así, tal cual. El calor era insoportable, la canal es un pedrero inestable que supone un suplicio subir y yo notaba que iba totalmente reventado. Para no estropearles la ruta a mis compañeros, amagué con retirarme. El descenso por la Tránvia a la senda del Cares era un canto de sirena dificil de obviar. Al final me convencieron para seguir. Descansamos un rato a la sombra de unos árboles y luego seguimos ruta, bajando un poco el ritmo.


Aunque enseguida veo que bajar el ritmo no es solo por hacerme un favor a mi. Quién más, quién menos, va tocado. Una vez alcanzamos la senda que sube desde la Tránvia el ascenso se vuelve un poco más cómodo al tener mejor pisar, aunque la pendiente sigue siendo infernal y el calor no da tregua. No en vano ese día se alcanzaron los 30º en la zona.


La senda asciende luego por un nuevo paso tallado que sustituyó a las antiguas armaduras. Si bien es mucho más seguro, no hay duda, vuelvo a recordar una vez más que son sitios que pueden resultar aéreos y donde hay que poner un poco de cuidado.


Nos aupamos así a una destacada horcada, la Collada Recidroño, en la cabecera misma de la Canal de Recidroño, desde donde echamos la vista atrás, hacia el circo de cumbres que rodean Caín, con Peña Santa en el centro.


Al otro lado lo que vemos es el Pardu de Cuesta Duja, una inmensa y anaranjada pared que forma una especia de cúpula, que sostiene los pastizales de Cuesta Duja. La senda se abre a la derecha para ir superando los sucesivos zócalos rocosos y girar luego a izquierdas, para entrar ya en Cuesta Duja.


La llegada a Cuesta Duja fue un chute de energía. Era el punto más alto de la ruta (1.022 m) y además aquí arriba, en terreno despejado, soplaba una leve brisa que ayudó a recuperar ligeramente las fuerzas.


La senda cruza Cuesta Duja transversalmente, ascendiendo de forma muy ligera para dirigirse al Colladín de las Mueldas, también llamado el Colladín del Descansu, donde para hacer honor a su nombre, hicimos una nueva parada.


Hay que reconocer que es buen sitio para parar, ya que las vistas son impresionantes.  Una vez más volvemos la vista hacia Caín, cuyas casas asoman en parte en el fondo del valle. Observábamos Hierbas Altas e intentábamos redibujar el recorrido que habíamos seguido aquella misma mañana.


El Jultayu, con la Canal de Trea bajo él y a la izquierda de ésta, el Monte los Plagamones que cruzamos hace unas horas.


Una vista hacia aguas abajo.


Llama la atención la existencia de estos extensos pastizales aquí, en mitad del desfiladero del Cares. También resulta curioso que no hubiera llegado a haber majada como en otros lugares parecidos como Ostón, Ondón o Amuesa.


Tras el descanso seguimos ruta. La senda avanza desde el colladín en horizontal, sin ganar ni perder altura, para dar directamente con la Horcadina del Cuebre (Ḥorcadina´l Cuebre) que es precisamente eso, una horcadina, una providencial puerta que permite un acceso sencillo a la Canal de Ría. La foto no da idea del lugar, pero es una entalladura mínima en un mundo de verticales paredes y afiladas agujas. Los desventios que se abren al otro lado también impresionan y de primeras parece imposible el descenso.


Pero si. La senda pierde altura sobre una colgada y estrecha plataforma. Una vez más estamos en un paso espectacular.


Perdemos altura rápidamente por una corta canal, en medio del Monte el Cuebre, un sombrío hayedo en el que la temperatura bajó unos cuantos grados, dándonos un respiro.


Saliendo del hayedo la senda sigue bajando pero con pendiente mucho menos acusada e inicia una travesía a derechas, buscando el cruce de la Canal de Ría, que se hace a bastante altura.


A estas alturas hicimos un pequeño cónclave. Había que decidir la ruta. La idea era seguir la traza original del viejo camino del Cares, por lo que tendríamos que cruzar hacia Piedra Bellida por el Horcado Turonero (Ḥorcáu Turoneru) (flecha amarilla). Sin embargo ganar el Horcado Turonero supone un ascenso para el que sencillamente ya no hay ganas ni fuerzas. Ninguno estamos muy por la labor. La alternativa era el Sedo Inabio (Séu Inabiu), un paso más bajo, aunque había un problema. Solo uno de nosotros lo conocía y de haberlo cruzado ya hace años en sentido inverso. Con todo, ganó el cansancio. Lo apostamos todo al Inabio y "que sea lo que Dios quiera". Así que tendremos que abandonar Ría y pasar a la Canal de la Raíz, por el collado de abajo (flecha roja).


Damos bien con el Pasadizo la Riega, el punto donde se cruza la Canal de Ría, al pie de un peñascal que parece dividir la canal en dos.



Una vista atrás a la Horcadina del Cuebre, o al menos, a lo que creo que es la horcadina, ya que en aquel mundo de verticalidades resulta, cuando menos, complicado orientarse debidamente.


Ya en la margen derecha de la canal, la senda sigue bajando. En este tramo nos la encontramos jitada. A ratos se pierde entre la larga hierba, pero baja por entre los árboles casi al pie de las paredes calizas. La flecha marca el paso a la Canal de la Raíz.


Dejamos atrás el cruce de la senda que asciende hacia el Horcado Turonero y seguimos otra senda que ganando unos metros se alza en el collado por el que saldremos de la Canal de Ría.


Al otro lado se abre la Canal de la Raíz. En el collado desaparece todo rastro de senda y no veremos más jitos. Sabíamos que la entrada al Sedo Inabio está bastante abajo, así que tocaba perder una buena pila de metros por la pedregosa canal.


En un momento dado nuestro "guía de fortuna" cree haber dado con la entrada. Como veríamos luego, no es así. El Sedo Inabio queda bastante más abajo. Nosotros vimos lo que nos pareció una trocha que ascendía a la derecha por una lengua de hierba que prometía un posible paso hacia Piedra Bellida y no lo dudamos. Tampoco había ganas de buscar más, la verdad.


El ascenso por aquel sedo nos dio la puntilla. Al final serían unos 140 m de desnivel a superar. Por increíble que parezca el sol no había aflojado lo más mínimo y la vía elegida nos obligaba a ascender aún un buen trecho. Aquí fui realmente consciente de la reventadura que llevábamos todos y cada uno de nosotros. La tira herbosa nos deja al pie de un zócalo calizo que se deja subir bien, con una trepada sencilla. Más arriba salimos a una nueva tira de hierba que nos conduce ya sin dificultad a una collada. Añado una foto cedida por el forero Dobra2 de Foropicos donde se ve la traza del Sedo Inabio, lo que Dobra2 interpreta como el Sedo Inabio Cimero y en rojo nuestro itinerario, lo que dimos en llamar, el Sedo Pajaroto en honor a la pájara que llevábamos.


La lengua de hierba superior discurre al pie mismo de una vertical pared en cuya base se abren un par de cuevas con claros signos de su utilización ganadera. Esto y el hecho de que, analizándolo después, considere este paso como sencillo y sin apenas peligro, me da pie a pensar que quizás sea éste el denominado Inabio Cimero que muy posiblemente se usara para dar servicio a aquellas cuevas.


Por desgracia el cansancio era tal que apenas si prestamos atención a las cuevas y desde luego les tiramos menos fotos aún. Habrá que volver. De hecho, si algo constaté en esta jornada es que el número de fotos tomadas, es inversamente proporcional al nivel de agotamiento. No pude evitar contemplar con enorme alegría la Canal de Piedra Bellida a la que bajamos directamente desde la collada, para nada más alcanzar su fondo, más que sentarnos, desplomarnos.


Desde aquí aún quedaba mucha ruta, pero parecía que ya estuviera todo hecho. Esto era terreno conocido y sabíamos que además sencillo. Apenas nos quedaba agua, pero el Cares estaba cerca, así que tras un nuevo descanso iniciamos el descenso hacia Pandu Culiembru.


Una vista atrás, a Piedra Bellida y a la ladera por la que acabamos de cruzar desde la Canal de la Raíz (flecha).


Con renovado ánimo iniciamos el descenso hacia la Puente Vieya cuando ya veíamos la Senda del Cares con los barracones de Culiembru al otro lado del Cares.



El descenso a la Puente Vieya sigue resultando tan espectacular como siempre. Allí continúan los cables para asegurar el paso y ya junto al río, tocaba pegarse un remojón para rebajar el calor. Alguno incluso se animó a baño completo en las gélidas aguas. Recargamos agua a la salida del manantial de las Ollas de Doñea, aunque para ello nos tocara a un par de nosotros meternos río arriba un buen tramo, a riesgo de perder por congelación los dedos de los pies.


Después aún quedaba remontar un repecho hasta la Senda el Cares, otros 120 m de propinilla, pero lo hacíamos sabiendo que era los últimos. Por delante restaba alrededor de una hora de ruta en la que, sintiéndolo mucho, guardé la cámara y no hice ni una sola foto más. Regresamos nuevamente por el camino inferior para ahorrarnos los Collaos y, reventados pero contentos, llegaríamos por fin al coche. Las cervezas caerían a pares y ya en casa aún me sorprendería con la brutal pérdida de peso que había sufrido (curiosidades que me da por mirar cuando hago este tipo de palizas). La conclusión fue que se trata de una ruta sin igual, pero que es mejor no hacerla en el día de más calor del verano. Os dejo el track, aunque siendo el terreno como es, sirve de poco y os pido que lo utilicéis con prudencia.
 
 
 
Un saludo
Cienfuegos

12 comentarios:

  1. Mi admiración más sincera. ¡¡Vaya tute!!

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  2. Ruta potente y tremendamente hermosa. Da gusto ver esos caminos antiguos que tantas veces cruzaban lugareños y ganaderos. La portilla ye nueva, me sorprendió. Enhorabuena por tan guapu reportaje.
    M

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    1. Si, la portiulla completamente nueva. y los carteles, que había dos, el de cerrar y otro con el nombre del paso. Un detalle muy guapu.

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  3. Vaya rutón, me imagino lo difícil que te habrá resultado seleccionar las fotos.
    He subido Trea y Piedra Bellida y me hago la idea de la dureza de semejante ruta con el añadido de un día caluroso. La caliza echaría fuego.
    Un saludo.

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    1. Pues si. De hecho el reportaje ya tiene más fotos de las que me gusta publicar, pero era imposible reducirlo más a poco que quiera explicar un poco el itinerario. De todas formas por la tarde tiré muchas menos. Se ve que el cansancio llega hasta a las ganas de tirar fotos, je, je. Un saludo

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  4. Una gran ruta, gracias por compartirla y asi poder recuperar esos antiguos caminos que hacian posible la dura actividad ganadera de la zona.

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    1. Gracias, un placer, ya sabes. Estos caminos son una maravilla y merece la pena recorrelos y darlos a conocer. Por ellos ya no va nadie y poco a poco se van perdiendo. Una pena.
      Un saludo

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  5. Hola.

    Este tipo de recorridos son los que a mí me gustan, fuera de los senderos "oficiales", solitarios y por terrenos casi vírgenes, que se utilizaban antiguamente por las gentes de la zona.

    El paisaje es espectacular, sin duda una forma diferente de recorrer la garganta del Carés, eso sí, la longitud, el desnivel y el terreno, son de los que invita a tener mucho cuidado, estar en forma y saber retirarse a tiempo. Yo como bien apuntas la vuelta casi mejor por el sendero habitual, porque un recorrido de tantas horas, a nada que surja un problema, puede traer malas consecuencias.

    Enhorabuena!

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    1. Buenas Eduardo. Si, también es un recorrido de los que a mi me gustan. Por ahí ya no va nadie. Así están de perdidos los senderos. Aunque tampoco es terreno para todo el mundo, eso es verdad. Los tiempos los llevábamos bastante controlados. Aunque la ruta es muy larga se hizo cuando todavía los días también lo eran. Además, excepto en el tramo del Sedo Inabio, llevábamos a un compañero que lo conoicía todo, que siempre te da una seguridad. Pues si te gustó el recorrido, hubo segunda parte solo unos días después. A ver cuando lo publico.
      un saludo

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