25 marzo 2021

Catoute desde Salentinos

Habíamos programado pasar unos días por zonas de Laciana y Ancares, para hacer alguna de esas cumbres que desde casa pillan un poco lejos. Lo que no estaba programado era escoger precisamente los únicos días del verano en los que un frente frío barrería León de parte a parte. Tal fue así que al final las actividades se limitaron a la cumbre del Catoute desde Salentinos, más que nada porque ya que estábamos allí íbamos a subir si o si, aún a costa de una mojadura de esas históricas y como solo recuerdo otro par de ellas en toda mi vida.

 

DATOS DE LA RUTA
  • Fecha: 17/08/2020
  • Municipio: Páramo del Sil (León)
  • Inicio/Fin: Salentinos
  • Distancia: 15,5 Km
  • Desnivel máximo: 975 m
  • Desnivel acumulado positivo: 1.000 m
  • Tiempos: 4 y 1/4 horas
  • Dificultad: Fácil
  • Nota: Las fotos hoy, pocas y del móvil. Con aquel día, no me animé a sacar la cámara del coche.


Aparcamos en Salentinos, un precioso pueblo que nos encantó a todos. Arreglado, con sus casas cuidadosamente restauradas manteniendo la arquitectura de la zona y lleno de detalles. Lo dicho, nos encantó. Habrá que volver por aquí que además tengo referencias muy buenas sobre su albergue La Cabana del Trasgu.


El día no nos iba a engañar. En el pueblo ya llovía con ganas. Aún así decidimos tirar "por si mejora un poco". Aunque ya sabíamos que la previsión no era esa. Chubasquero y hasta paraguas. La cámara en el coche, no se fuera a mojar.


La ruta no tiene mucha historia. Se trata de recorrer el alargado valle de Salentinos con dirección este hasta el Campo la Veiga, donde la senda asciende al sur a ganar el cordal y hacer cumbre. Senda muy evidente, cómoda y limpia, en todo momento, balizada como PR.LE-45 "Ruta del Catoute".



De vez en cuando las nubes habrían lo justo para que pudiéramos ver algo del entorno, lo que no hacía más que confirmar lo que nos parecía. Habrá que volver con mejor tiempo. La zona es preciosa.



Los serbales estaban a reventar de frutos. A lo largo de la ruta se pasa junto a varias fuentes, aunque a nosotros agua precisamente, era lo que nos sobraba.


Y así, casi sin darnos cuenta, alcanzamos la Braña de Salentinos, que cuenta con varias cabañas en uso y donde cruzamos el río a la margen derecha.


Y un refugio, que nos vendría de perlas tan solo un rato más tarde.


La pista muere un poco más arriba en el Campo la Veiga, una amplia zona de pastizales en la que hay un corro para el ganado.


Allí la senda va a girar al sur para encarar el ascenso hacia la zona alta del cordal. Afrontábamos el tramo más esforzado de la ruta.


A la derecha vamos a ir dejando las negras paredes del Pico la Cerneya. La senda pasa cerca de las pequeñas lagunas de Los Fueyos, a la derecha del camino.


Pocas, por no decir nulas, las vistas ya desde aquí, al meternos en la línea de niebla. La senda sigue muy evidente en todo momento, estando además bien balizada.


Ganamos la cresta donde además de la niebla y el agua, nos recibía un fuerte y frío viento. La senda continúa por el filo, sorteando alguna aguja rocosa en un tramo que "debe" de ser muy guapo.


Y cumbre del Catoute. Que no se diga que no subimos. La mojadura a aquellas horas ya épica. Una auténtica pena el día escogido, ya que el Catoute es una de las principales cumbres de la montaña occidental leonesa, que hace de límite entre las divisorias de aguas que vierten hacia los ríos Sil y Boeza y constituye un privilegiado balcón.


Las vistas se limitaron al vértice geodésico y el buzón de cumbres. Con mejor día quizás hubiéramos hecho la circular por las cumbres de La Cerneya, La Robeza y Valdeiglesias. Lo dicho, habrá que volver.


Y casi que nada más llegar, para abajo. Menos fotos aún en el descenso. Tan solo una del circo que conforman las cumbres alrededor de la cabecera del valle de Salentinos.


Y rápido y sin paradas, para el refugio.


Allí pararíamos a comer. Al menos durante ese rato no nos mojábamos, aunque ya casi daba igual.


Y tras comer, a por el último arreón hasta el pueblo y el coche. Definitivamente el día no nos engañó. Agua habían dado y agua hubo. De sobra.


Y junto al coche, cambio de ropa - integral, ya que la mojadura había llegado hasta las últimas capas - y a buscar donde tomarse algo caliente que era lo que apetecía. Y luego para el hotel, a ver si poníamos a secar las cosas.


Mala jornada, sin duda, aunque sirvió para descubrirnos un valle, el de Salentinos, al que sin duda volveremos. Al final, muchos de los momentos vividos en montaña suelen olvidarse, enterrados en la pléyade de recuerdos acumulados a lo largo de toda una vida, pero una jornada como esta, con tal mojadura, seguro que no se nos olvida, no. Os dejo el track, aunque tampoco es que haga mucha falta.

 
 

Un saludo
Cienfuegos

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