18 agosto 2022

Cuiña y Miravalles desde Tejedo de Ancares

El viaje hasta Tejedo de Ancares es de los que tiran para atrás, pero la ruta merecía la pena, así que aprovechamos la época de días más largos del año para desplazarnos hasta allí. Jornada dura en la que ascenderíamos los guardianes del Puerto de Ancares, el Cuiña y Miravalles, cima que suele considerarse como el primer dosmil de la cordillera, aún cuando no llega a dicha cota. Para ello saldríamos del área recreativa de Tejedo de Ancares a ganar la cumbrera que divide los valles del Ancares y el Burbia y por la que coronaríamos el Campanario y el Cuiña, descendiendo después al Puerto de Ancares para seguir al Miravalles. El descenso lo haríamos por el valle homónimo, muy abandonado en su zona alta y tomado por la maleza, lo que obligó a buscarse un poco la vida, para cerrar así una larga pero preciosa circular.
 
DATOS DE LA RUTA
  • Fecha: 27/06/2022
  • Zona: Ancares Leoneses
  • Municipio: Candín (León)
  • Inicio/Fin: Área recreativa de Tejedo de Ancares
  • Distancia: 26,50 Km
  • Desnivel máximo: 995 m
  • Desnivel acumulado positivo: 1.680 m
  • Tiempos: 10 horas
  • Dificultad: Dificil. Además de la dureza propia de la ruta, en el cruce del Campanario al Cuiña puede haber que hacer algún sencillo trepe o destrepe. Por otro lado, la parte alta del valle de Miravalles está muy abandonado y tomado por la maleza, complicando un tanto la orientación y el tránsito.

 


Dejamos el coche en el área recreativa de Tejedo de Ancares. Al final veríamos que casi es mejor dejarlo en el propio pueblo. En la margen derecha del valle de Ancares vemos el valle del arroyo la Vineisa, tapizado de un denso robledal, el Mortal de Galegos, por el que vamos a subir a ganar la cuerda.


Pasamos junto a los restos de La Herrería de Tejedo y tomamos un pista que cruza el río, vuelve valle abajo hasta un cruce, en el que tomamos otro ramal a la derecha. Está indicado con un par de postes a la Braña de Pereda.


Muy guapo el robledal del Mortal de Galegos que nos permite ganar un buen desnivel a la sombra.


Alcanzamos la Braña de Pereda. En ella hay un refugio abierto con buena pinta para hacer noche.


La pista muere un poco más allá. Sigue entonces un sendero que asciende a plomo a ganar el cordal, primero atravesando un robledal.



Dejando atrás el bosque se continúa subiendo por la ladera tomada de brezo, que pillamos ya un poco pasado de color. Una pena. Las vistas desde aquí ya son espectaculares y podemos ver los dos objetivos del día, el Cuiña (izda) y el Miravalles (dcha).


La senda acabará por llevarnos directamente a la cuerda saliendo a ella por debajo de la cumbre del Llorantín y teniendo por delante el Campanario y el Cuiña.


A la izquierda de nuestro cordal se abre el valle del Burbia sobre el que se alza el Mostallar y a su izquierda el Corno Maldito. Queda tajo aquí para otro viaje, o dos.


Aunque a nosotros se nos van los ojos al Miravalles. Faltaba mucho aún para llegar a él. Y eso que no contábamos con la guerra que nos iba a dar la cabecera del valle.


La cuerda hasta el Campanario parece sencilla de recorrer y lo es, pero no es solo caminar sin más. Hay que buscarle las vueltas, a veces por arriba, otras por alguna de sus laderas y hasta teniendo que apoyar ocasionalmente la mano.


Una vista atrás al Llorantín.


El ascenso al Campanario es un tanto quebrado y no se hace de frente. Debemos ir a buscar una evidente canal. Hay senda marcada y está hitado, teniendo que echar la mano en algún momento.


Una vista atrás al cordal ya recorrido.


Ya habíamos visto rebecos, pero es aquí donde aparecen los primeros ejemplares de cabra montés, tan curiosas ellas.


El cordal desde el Puerto de Ancares a la cumbre del Miravalles a recorrer más tarde.


En el fondo del calle alcanzamos a ver Tejedo de Ancares.


Cabra montés


Alcanzamos la cumbre del Campanario cuando las nubes empiezan a arremolinarse sobre la cumbre del Cuiña. Allí hacemos una parada para picar algo, que ya iban muchas horas desde el desayuno.


Una vista atrás al cordal recorrido hasta aquí.


Al otro lado del valle sube la carretera al Puerto de Ancares con el Miravalles al fondo a la derecha.


El Mostallar


Y lo que nos quedaba al Cuiña que parecía que se echaba la sábana, como así sería.


La cara norte del Cuiña me recordó mucho a la zona del Teso Mular. Esto es territorio 100% osero.


Nos bajamos del Campanario. El tramo que separa el Campanario de la base del Cuiña es el más complicado de todo el trayecto. En el IGN denominan a esta parte como Peñas Apañadas. Hay que realizar varios trepes y destrepes, muy sencillos todos, pero hay que buscarle las vueltas, aunque fijándose bien siempre se da con la senda. Ser es un tramo muy entretenido.


A nuestra derecha vamos dejando siempre el valle del Burbia.


Llegando al Cuiña nos metemos en la niebla. Lo dicho, nos íbamos a quedar sin vistas.


Ganamos la cumbre del Cuiña entre la niebla. No paramos mucho, total tampoco había mucho que hacer allá arriba y se estaba fresco. Esperamos lo justo a ver si abría.


Dio para una pequeña ventana que nos dejó ver el Campanario con el Pozo Ferreira o Lago Cuiña bajo nosotros.


El valle del Burbia. Al fondo del todo se destacaba un montañón que tiene que ser el Teleno.


Pues nada. Aquí estaba todo el pescado vendido, así que para abajo que hace frío.


Atrás se queda el Campanario y el lago Cuiña.


Además del propio lago, bajo la cumbre del Brañutín - por la que tendremos que pasar - se localizan varias lagunillas y un pequeño refugio hasta el que no nos acercamos.


A la izquierda vamos dando vista ya a tierras de Lugo, a los valles que descienden hacia la cabecera del río Navia.


Cruzamos el Brañutín hacia el puerto de Ancares.


Muy guapo este tramo con fuertes cortadas.


Bajando ya hacia los pastizales del Puerto de Ancares o Alto de Balouta, donde hay un refugio. Nosotros seguimos a salir a la carretera.


Justo en el puerto se localiza un área recreativa con mesas que iba a ser nuestro restaurante en esta jornada. Allí paramos a comer con las vistas puestas sobre la cabecera del valle de Ancares.


Tras la comida tocaba encarar la segunda parte de la jornada. Y es que ya llevábamos mucho trabajo hecho, pero aún quedaba tajo y aunque no lo sabíamos, no lo cómodo precisamente.


Al otro lado del valle vemos el cordal ya recorrido, con el Campanario y el Cuiña, donde permanecía la niebla.


Cuando damos vista a la izquierda vemos el pueblo de Balouta.


En él se conservan varios teitos.


En todo momento hay senda clara que nos va a llevar sin problemas hasta el Miravalles.


Pequeñas lagunas en los pastizales de Los Froixos, justo bajo la cumbrera.



En un momento dado habrá que decidir si seguir la cumbrera, pasando por la quebrada cumbre de Pina Neira o seguir la senda que bordea su base por cara norte, como fue nuestro caso.


Los últimos metros a cumbre del Miravalles se hacen duros. Ya llevábamos mucho desnivel acumulado y la pendiente de este tramo es mucha.


Y cumbre del Miravalles, una cima buscada desde hacía mucho tiempo. Pararíamos un buen rato en cumbre. Había que disfrutarla.


El Cuiña parecía haberse quitado definitivamente la boina. Por delante, el cordal recorrido hasta el Miravalles.


Tirando y abusando del zoom vemos el embalse de Bárcena con las torres de su central térmica y al fondo nuevamente la silueta del Teleno.


El valle de Balouta.


Al norte lo que llama nuestra atención son las cicatrices de las minas a cielo abierto de Tormaleo, en Ibias.


Hacia la cordillera vemos Peña Rogueira - techo de Ibias - y detrás el Turrunteira.


Y al este, el Ferreira cosido a cortafuegos. Al fondo del todo el entorno del Valdeiglesias y el Catoute.


Tocaba empezar a pensar en bajar. Lo haríamos siguiendo el valle del Miravalles. Sabíamos que la parte alta podía estar un poco tomada de maleza, así que había que intentar dar bien con la senda.


Retrocedemos desde cumbre un corto tramo.


Hasta un collado que se abre a la cabecera del valle, bajando hacia una especie de colgada vega.


Allí sorprendimos a un numeroso rebaño de rebecos. Puede que unos 50 ejemplares.


El fondo del valle queda muy por debajo de esta vega. Podríamos intentar el descenso directo hacia la braña de Bruiteira, pero sabemos que resulta incómodo en extremo, así que localizamos una senda que sale de esta vega ganando unos metros por la ladera izquierda.


Pasamos así a la cara este del Miravalles, alcanzando otra plataforma, una especie de antigua meseta glaciar colgada. Un sitio precioso que vamos a recorrer hacia el este, dejando la cabecera del valle de Miravalles a nuestra derecha.


Una vista atrás, hacia el Miravalles. Se aprecia la senda por la que hemos bajado a su izquierda.


Desde arriba observamos una senda que recorre el valle de Miravalles y que parecía ascender justo hasta la collada de salida, así que desechando otras opciones de descenso directo, seguimos hasta la collada, en la que damos vista al este, al valle de Carballal, que desciende hacia Suertes y Candín.


Desde dicha collada empezamos a bajar por el valle de Miravalles. La zona alta está un tanto tomada de brezo pero vamos bajando hasta el punto donde el escobero toma el relevo. Allí nos cuesta dar con la senda que habíamos visto desde arriba. Tocó dar vueltas y tirar de GPS y pegarse un buen rato con las escobas.


Aunque por fin localizamos la senda y ya por ella bajamos hacia la vega de la braña de Bruiteira, un sitio precioso, como un oasis en medio de tanta vegetación. Observando las paredes y la maleza de su derecha comprobamos que efectivamente el descenso directo desde el Miravalles, tiene que ser complicado.


De nuevo toca navegar entre las escobas para dar con la senda que sale de Bruiteira. Cuando por fin la localizamos ya no habrá pérdida posible. La senda se interna en el espectacular bosque del Acebal, un robledal en el que también vemos acebos, tejos, abedules,...


El descenso por el bosque es largo, pero por fin salimos de él, dando a una vieja pista por la que continuamos bajando hacia la parte inferior del valle.


Mientras bajamos vamos viendo al frente el valle por el que subimos por la mañana, por el bosque del Mortal de Galegos, y la cresta recorrida con el Campanario y el Cuiña a la derecha.


El descenso por la pista acabará por hacerse eterno y es que no baja  directa hacia el valle de Ancares sino que irá girando saliéndose del valle de Miravalles para dirigirse a Tejedo de Ancares, debiendo de tomar después un ramal que nos haga "desandar" un tramo hasta el área recreativa.


Por fin, más tarde que pronto, saldríamos a la carretera solo unos metros por debajo del área recreativa. Allí junto al coche cerrábamos esta larga circular con dos de las grandes cumbres del occidente cantábrico. Cambio de ropa, lavado en la fuente y a no pensar en la kilometrada que nos quedaba aún, con una cervecilla de por medio, eso si. Os dejo el track.



Un saludo
Cienfuegos

4 comentarios:

  1. Sr.Cienfuegos gracias por esta ruta por los Ancares leoneses.No fue una ruta,fue un magisterio para este humilde pisapraos.
    Reciba mi gratitud y reconocimiento por su inmensa labor en pro del montañismo.
    Jose Luis Suárez Quintano
    Nro.3999 del G.M.Ensidesa Gijon.

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    1. José Luis gracias a ti por seguir el blog y los halagos. Inmerecidos, de verdad. Un placer dar difusión a mis pequeñas aventurillas si con ello sirve para ofrecer ideas a otros montañeros. Un saludo

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  2. Estupenda crónica de una gran jornada (perfecta la toponimia). Te felicito. Estoy seguro de que, a pesar de la dureza de la ruta, os gustaron estos paisajes salvajes llenos de vida que son uno de mis patios de recreo.

    Yo hice en su día esta misma ruta. Pero si ahora la tuviera que volver a hacer subiría por el bosque del Mortal del Oso hasta la hoya de Ancares. Un lugar muy espectacular y desconocido. Desde ahí a la cima de Campanario por un terreno un tanto descompuesto y después el itinerario que hicisteis.

    Salud y montaña!

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    1. Gracias a ti, Dani, como ya te comenté fue tu entrada y la de Ojolince las que nos pusieron tras la pista de esta ruta. Preciosa como pocas. No conocíamos la zona y nos encantó. Una pena lo lejos que me pilla, pero habrá que hacer el esfuerzo de ir más a menudo. Me quedo con esa idea que comentas. Ese bosque del Mortal del Oso tiene una pinta bárbara, como el Mortal de Gallegos y eso que desde la pista apenas se ve como puede ser por dentro.
      Un saludo

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